La Constitución española de 1978

La Constitución española de 1978

Título I. De los derechos y deberes fundamentales

Capítulo segundo. Derechos y libertades

Sección 1. ª De los derechos fundamentales y de las libertades públicas

Artículo 27

1. Todos tienen el derecho a la educación. Se reconoce la libertad de enseñanza.

2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales.

3. Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.

4. La enseñanza básica es obligatoria y gratuita.

5. Los poderes públicos garantizan el derecho de todos a la educación, mediante una programación general de la enseñanza, con participación efectiva de todos los sectores afectados y la creación de centros docentes.

6. Se reconoce a las personas físicas y jurídicas la libertad de creación de centros docentes, dentro del respeto a los principios constitucionales.

7. Los profesores, los padres y, en su caso, los alumnos intervendrán en el control y gestión de todos los centros sostenidos por la Administración con fondos públicos, en los términos que la ley establezca.

8. Los poderes públicos inspeccionarán y homologarán el sistema educativo para garantizar el cumplimiento de las leyes.

9. Los poderes públicos ayudarán a los centros docentes que reúnan los requisitos que la ley establezca.

10. Se reconoce la autonomía de las Universidades, en los términos que la ley establezca.

Recuerdo aquel día como un día cualquiera. Hacía ese tiempo en el que el calor y el frío se dan la mano y no sientes una cosa ni la otra. Como siempre, llegué a primera hora cogido de la mano de mi padre. Él siempre me llevaba al colegio. Fue un día más. De nuevo me dio un beso y como siempre me dijo un te quiero muy alto, al tiempo que me decía que era el mejor niño del mundo.

Para mí era todo normal. No sabía que era mi último día en la educación reglada que habéis construido para los neurotípicos.

Ya no podía seguir; pues según vosotros, ya no iba a avanzar más. Y lo que me proponíais era irme a Educación Especial o que mis padres buscaran un colegio especializado en autismo; pero sobre todo, vuestra opinión era que ya no podía seguir con mis amigos de siempre, con mis profesoras de siempre. ¿Cuál era el motivo?

¡Que yo no iba a aprender más!

Ahhhh. Y la socialización con los niños a los que consideráis normales, ¿no me iba a venir bien para mis carencias en este ámbito? ¿Entonces me queréis decir que era mucho mejor ir a un colegio donde estábamos todos los que vosotros no consideráis normales? ¿Esa es la solución que dais como sociedad?

Muy bien. Es como si a mí se me ocurriera que a los calvos los metiéramos en un barrio especial para calvos, porque ver a gente que tiene pelo les vendría muy mal a nivel emocional… ¡¡pero no entendéis que esto es una absoluta tontería!!

Lo que se debería hacer es integrarnos en la educación normal. ¡Pero de verdad! NO a medias tintas, ni con periodos de caducidad.

Un amigo mío tiene un dicho que reza: me metiste el caramelo en la boca y me lo sacaste… y eso fue lo que hicisteis conmigo. Me dejasteis unos años en el colegio público, en el que iba a clases de integración y cuando considerasteis que ya no podía estar ahí, os sentasteis delante de mis padres para proponerles que me fuera; sí, con un par, lo hicisteis.

Y no digo que fuera culpa de nadie, pero el sistema dista mucho de ser un sistema bueno para nosotros, las personas con autismo. Porque integra sólo unos años y luego ¿qué? Luego ¿cuál es la solución? ¿La educación especial?

Vosotros mismos reconocisteis que Educación Especial no era lo adecuado para una persona con TEA. ¿Y entonces? ¿Un colegio con autismo? ¿Cuántos hay en la comunidad de Madrid? ¿Cuánto valen? ¿Eso es ayudar a las personas con TEA?

Como siempre lo han asumido mis padres, gracias a su esfuerzo y su trabajo. Yo soy un privilegiado, pues puedo disfrutar de un Colegio maravilloso, pero que vale un dineral. ¿Y qué hacemos con los niños que no tengan recursos para pagar estos colegios? ¿Les mandamos a educación especial, que reconocéis que no sirve?

En fin, yo al día de hoy estoy muy contento con mi colegio especializado para personas con autismo, pero no veo justo que yo tenga acceso y otros niños no puedan ir por lo caros que son. NO veo justo que el sistema no ofrezca soluciones de integración verdaderas para los niños como yo y no veo justo que se nos aparte de los niños neurotípicos; si seguimos haciendo eso, la integración siempre será a medias. Seguiréis sacándole el caramelo de la boca a muchos después de habérselo dado a probar. Pensadlo bien, nos corresponde buscar a todos como sociedad soluciones para los más desfavorecidos.

-Reflexiones de un autista.

 


Fotografía: David Martín