¿Por qué sale corriendo?

¿Por qué sale corriendo?

¡Hoy ha sucedido!

Hoy paseando con Lucas me he encontrado con David y su madre.

David iba con Lucas a la guardería cuando apenas tenía un año y estuvieron juntos hasta los 2 ó 3 años.

David le quiere mucho y ha ido hacia Lucas para cogerle y darle un abrazo….

Lucas no le conocía. Lucas ha salido corriendo tapándose los oídos y moviendo las manos al aire como si se cruzara con un desconocido.

David ha preguntado a su mamá ¿Por qué sale corriendo? ¿Por qué no me conoce?

La madre ha sido maravillosa y le ha explicado, con muy buenas palabras, que Lucas es diferente y que le quiere igual, pero que tiene otra manera de demostrarlo…

Me he despedido de ellos. La pena me ha inundado. La tristeza ha emergido con una fuerza inusitada…

He tenido que ir a por Lucas e irme para casa; más que nada para no ponerme a llorar en mitad de la calle.

Ya en el salón de casa, he llorado… y he chillado de tal manera que no podía parar.

Para estos momentos no hay consuelo. No hay un hombro amigo que te ayude y tampoco lo deseas. Sólo quieres que pase. Pero que pase cuando realmente ya no puedes llorar más.

Aquí sí aparece la maldita pregunta: ¿por qué me ha pasado a mí?

Y no quieres respuestas, ni que nadie te diga que no te hagas estas preguntas que no llevan a ningún lado. ¡¡No hay consuelo para esto!!

Cuando la diferencia te la ponen al lado de la normalidad y la vida te la sirve en bandeja es desolador.

¡No comprendes nada!

¡¡¡No deseo comprender nada!!!

¡Solo sé que mi hijo no conocía a su mejor amigo de la guardería y que no le ha hecho ni caso! ¡Que tiene la mirada perdida en un infinito que me devora y me come por dentro!

¡¡Que no me dice papá!! y que no me lo dirá nunca…

Esto es desolador.

¡¡¡¡Y me podrán contar lo que quieran!!!! que es un niño precioso y que me quiere, y bla bla bla, pero hoy eso ¡me importa una mierda!

Mi hijo no conoce a sus amigos y no es capaz ni de decirles hola ni darles un abrazo.

¡¡¡Y esto duele sin límites!!!

Hoy sólo quiero estar solo y pedir perdón por la tristeza de este texto, pero esto es ¡¡¡la puta verdad del autismo!!! y lo que vivimos a diario con Lucas. Desde luego hoy me pilló débil.

¡Mañana será otro día…!

-Reflexiones de una persona con autismo.

 


Fotografía: David Martín