¿Una persona con autismo es más feliz que tú?

¿Una persona con autismo es más feliz que tú?

Ahora los piojos es pediculosis, y meterse con otros niños se llama bullying.

Ahora ya no te llevas bien con gente de otros departamentos, si no que aprovechas sinergias.

Los cuernos, ya no existen. Y quienes los sufren, ahora son víctimas de parejas que han decidido emprender un nuevo camino al lado de otra persona que le acerca más a su proyecto personal.

El trepa se marchó, ahora el que pisa la cabeza de su compañero en el curro es porque quiere darle un impulso a su carrera profesional que para eso hizo el master en tierras lejanas.

Ahora las patatas bravas, son tubérculos aderezados con lágrimas de tomate picante. Y el chato de vino no sabe a nada, si no tiene un final de boca áspero con toques de canela y chocolate blanco.

Ahora el que te agrede verbalmente no lo hace por joder, si no que tienes que saber leer entre líneas para sacar una enseñanza que de otra manera no aprenderías.
Incluso ahora el ser tú mismo se llama marca personal.

Si tú hijo es un inútil en el colegio, se trata de un desfase curricular ocasionado por los continuos cambios en el sistema educativo.

No eres nadie si no has corrido un marathon. Y como pidas una ginebra con tónica normal te mirarán, porque eres un alcohólico de los de antes.

Vivimos en el mundo de las palabras grandilocuentes y los postureos de cara a la galería; la gomina se ha cambiado por barbas largas y si no llevas tirantes, te lo tienes que hacer mirar porque te estás quedando obsoleto.

Pues todo esto a una persona con autismo le da igual. Vamos que se la suda. El iPhone 8 le importa un carajo y si has estado en Nueva York de compras le da lo mismo. No te juzgará por tus pintas, no le caerás bien por hablar para terceros y jamás opinará nada malo de ti.

Te conozca poco o mucho, no será una variable para quererte y que no le hayas ayudado en un momento dado quedará en el olvido de aquel momento en cuanto pasó. Será constante contigo siempre en vuestra relación y una vez que aprenda a abrazarte lo hará siempre. Si se acerca a ti para saludarte te saludará siempre sin importarle que aquel día no le esperaste en el ascensor. Si te dice que esas gafas te quedan mal es porque te quedan mal. Jamás te va a herir por el simple hecho de herir. Ni hará estrategias para definir quién realmente es. En su mundo no hay tontos como en el nuestro. En su mundo hay respeto y honestidad. Cosas que aquí a base de inventarnos nuestras propias mentiras hemos ido perdiendo.

Y la gran pregunta es ¿no serán más felices que nosotros los normales?

Cada vez me inclino a pensar que es así…

-Reflexiones de una persona con autismo.


Fotografía: David Martín