El autismo se despide del silencio

El autismo se despide del silencio

Se acabó el invierno y llega la primavera, pero no se acaban mis ganas de cruzar ríos llenos de esperanzas. No se acaban las esperanzas que me llevan a ser igual que tú, a tener las mismas oportunidades que tus hijos, ni más ni menos solo las mismas.

Se terminan los días largos pero pronto volverá el sol a brillar hasta tarde. Se terminan abrazos al aire y petardos que hacen temblar las paredes de la poca solidaridad. Se acaban consejos en la barra del bar y nacen las oportunidades de amor en las miradas de los adolescentes que se asoman al balcón del deseo.

Quizás se acaba la vida y las dudas de saber si has obrado bien, si has regalado todas las caricias y los te quiero durante la misma, pues después sólo es el jarabe para que no le suba la fiebre a la culpa y al haber podido hacer las cosas de otra forma.

Se acaba tu mirada y con ella se van las tardes arropado en tus brazos. ¡Todo se termina! es condición humana.

Se acaban los conceptos de haber intentado ser un buen hombre y de haberlo conseguido. Eso te llevas: la honradez y la honestidad de haber vivido una vida con el sentido de haber querido y sentirte querido. Sin aspavientos, sin grandes elocuencias, pero todo se termina.

Se acaba el baile y el bar de la vida está a punto de cerrar. Aunque quieras tomarte la penúltima tienes que irte, avanzas por la calle oscura y fría pero tu semblante me dice que ya no volverás; eso sí, bailaste lo mejor que sabías sin pisar nunca a tu pareja y mirando a los ojos de la persona amada como lo hace un caballero.

Hoy he visto cómo se está terminando un viaje y como está empezando otro sin ti; hoy sé que algún día cuando llegue a mi última estación me estarás esperando pues sellaste un pacto y siempre fuiste fiel a ellos.

Siempre te llevaré conmigo y recuerda, nos vemos en la última estación.

Pero ese día, SILENCIO, te quedarás con tus maletas esperando pues el que no iré seré yo. Estaré hablando con mi familia, mis amigos y con los que confiaron en que siempre diría mi primera palabra.

Y así te podré decir ¡¡Hasta siempre y adiós!!

-Reflexiones de una persona con autismo.

 


Fotografía: David Martín