La gente que necesita el autismo

La gente que necesita el autismo

Ahora decir que sí a un Aquarius, puede tener consecuencias, sin embargo si te desmayas en un palco en el Mundial de Rusia es un golpe de calor y no cuestión de haber dejado La Rioja sin vino.

Los relojes marcan las horas que dictan las multinacionales y los esqueletos quieren un móvil de Apple, para renegar de la manzana que se comió alguien en el paraíso.

Los países se gobiernan a golpe de pactos entre diversos colores y símbolos que parecen antagonistas pero que acercan posiciones cuando de oponerse se trata.

Las rebeldías adolescentes resquebrajan las unidades nacionales en un mundo global que parece caminar a la unidad supranacional.

Las celdas de prisiones vacías se tiñen de sangre azul y el mar verde se traga a los niños, mientras descargamos la última actualización del portátil que me permitirá navegar más rápido por el exceso de información de mares con fuertes marejadas de desinformación.

Y esta es la actualidad y así funcionamos.

Un tío mío, en paz descanse, que siempre tuvo el privilegio de ser el más listo de la familia, no por sus facultades sino porque le brindaron posibilidades, me contaba una vez una historia que se quedó grabada en mi corazón.

Había dos seres humanos en una pocilga encerrados. A uno de ellos se le ató a un palo con una cadena que no le permitía llegar a la comida a la que el otro ser humano tenía acceso total por estar libre de dichas cadenas.

Mientras el ser humano que no estaba atado comía libremente, el hombre atado lloraba, suplicaba, gritaba que le diera algo de comer. El hombre libre pasaba de él, se hartaba, le sobraba la comida mientras que el otro moría de hambre. Pues bien, pasaron los días y alguien sin alma tuvo la brillante idea de cambiar los papeles, al que estaba atado lo soltaremos y al que está libre le ataremos. Y así lo hicieron. El que quedó libre se fue a la comida y se hartó, se cansó de comer y nunca pensó en el que estaba atado, que lloraba, gritaba y suplicaba que le diera algo de comida.

De este modo mi tío, al que quisimos por su buen hablar y su fino humor, me dijo aquel día de otoño que al ser humano cuando está bien le da igual el otro; en palabras suyas, si el ser humano tiene, le importa una mierda el que tiene en frente; mientras él coma, lo demás le da igual.

La historia me impactó, pero no estoy de acuerdo con mi tío, a quien tengo en un alto pedestal no por lo que supo sino por lo que fue ¿Que por qué no estoy de acuerdo con mi tío? Porque estoy cansado de ver gente de la que estoy seguro que si estuviera atada se acordaría del otro aunque no le hubiera dado de comer. Estoy seguro de que hay gente que ayudará a mi hijo sin esperar nada a cambio. Gente que es solidaria y gente que integra al diferente por el mero hecho de saber que está haciendo lo justo. Estoy seguro de que hay gente que sabe que haciendo un poquito mejor su mundo, hace mejor al ser humano.

Esta gente es la que necesita el autismo en su lucha por la inclusión; gente que aunque esté mejor que el otro siempre tendrá un minuto para pensar en los más desfavorecidos.

No hay que buscarlos, hay muchos.

Reflexiones de una persona con autismo


Fotografía: David Martín