Sé valiente cuando se hable de incluir

Sé valiente cuando se hable de incluir

Me dan mucho miedo los cuchillos que no cortan y las cerezas que saben a cartón.

Me dan un miedo terrible los que arreglan todo solo de palabra y las lágrimas que se derraman sin un porqué.

La cerveza caliente y el vino que no emborracha, la novia que no sabe decir SI QUIERO y el ladrillo que no sostiene.

Miedo del miserable y del que no cede su asiento a un mayor. El whatsapp de un borracho y la llamada a tu ex cuando se pone el sol.

Tengo miedo al mar sin olas, al río sin peces y al payaso que no quieren en ningún circo. Siento miedo de la noche que no espera al día y de la luna que nunca está llena. De las miradas que miran con desprecio y del que perdona pero no olvida. De la resaca sin agua y del arroz que es incompatible con la leche. De la torrija en agosto y de las manzanas que no sirven para la sidra. Del perro que no ladra y del amor que no va a ningún lugar.

Pánico me da el abrazo que no es correspondido y el beso que muere antes de nacer.

No sé decirte los motivos, pero me dan miedo los trenes que nunca se llenan, y los autobuses que van llenos de silencio.

Tengo miedo al que se ríe de los demás porque hacen su trabajo, y me da miedo el que para no beber solo necesita ejercer su poder.

Miedo del corazón que no bombea y de las venas que terminan donde empieza el silencio.

No sé por qué me espanta la pareja que sale corriendo cuando tiene un hijo TEA y la toalla que vuela hacia el ring para que se acabe el combate.

Los niños que son mayores, y los mayores que creyéndose niños no hacen cosas propias de su edad.

Me horrorizan los comentarios de los que no tienen motivos para quejarse, y aquellos que no reparten cuando más tienen.

Me espantan los cementerios llenos de tumbas con gente que no cumplió sus objetivos vitales, y tumbas vacías de gente maravillosa que se fueron a otros sitios a pasar la eternidad.

Tengo miedo de la muerte sin guadaña, de la casera sin gas, de las bravas que no pican, del escondite donde nadie se esconde, y del pescador que no tiene peces que devolver al mar.

El miedo es libre, y cada uno puede tener miedo de lo que quiera. De hecho el miedo es el causante de muchos comportamientos que tenemos y que tienen consecuencias negativas para los demás. Pero siendo esto cierto, lo que no se puede es usar el miedo como justificación para no integrar a personas diferentes, y mucho menos tenerles miedo. Los que podemos hacerles daño somos nosotros a ellos, y nunca al revés. Por favor, sé valiente cuando se hable de incluir, la sociedad ya es bastante difícil para ellos como para que también nosotros les pongamos más trabas.

Reflexiones de una persona con autismo

 


Fotografía: David Martín