Aun así, te quiero

Aun así, te quiero

Cruzas carreteras sin sentido y haces fuentes de lluvia dorada en el sillón en el que me siento a ver series que escupen la cara más amable de un monstruo que se llama autismo.

Trepas por sitios en los que lo máximo que puedes obtener son gritos de padres desesperados, porque no entienden que allí veas precipicios con sabor a nata y fresa.

Arañas, y golpeas, intentando jugar con tu hermano, y te sorprende que el resto no entienda que son tus besos y abrazos.

Comes monedas y tragas piezas de juguetes con olor a fresa, crees que el resto se equivoca porque no comprenden que sean chuches gratis.

Para ti bañarte es convertir el cuarto de baño en zona de guerra, donde tus padres buscarán sus peines y sus lágrimas se perderán en las toallas que te has encargado de mojar.

Para ti la solución es saltar en camas donde hace mucho que no se hace el amor, que son solo compañía para mis lágrimas y la cuna de la mirada pérdida de tu madre.

Corres en la calle porque te gusta llegar el primero a la desesperación de tus padres y el último a una meta que no existe.

Te encargas de cumplir rituales diabólicos. Volcar televisiones, destrozar sillas y pintar las paredes del salón con grafitis de nocilla que solo tú entiendes.

No te encargas de tu aseo personal, pero esto sería como que me acordara yo de llamar a esa prima que nunca veo y que un día fue importante en mi vida.

Te acuerdas de tus esfínteres como yo me acuerdo de mi tía que tiene 96 años y se está despidiendo de esta vida. Es decir, cuando me da la gana.

Eres listo para el chocolate, como cualquier adolescente, solo que tú no lo quemas.

Te da igual que me falte el aire, mientras el bollo esté al alcance de tu boca.

Coqueteas con la muerte, como si cumplir años fuera una cosa de las estadísticas.

Literalmente te da igual que sea de noche para tomarte un zumo encima de mi tripa.

Gritas cuando no viene a cuento, te quedas callado en los momentos de jolgorio y eres capaz de salir desnudo en el funeral de mi padre.

Aun así, te quiero, a mí me da igual. Lo que para los demás es políticamente incorrecto, para mi es intentar aprender. Y aun así, te quiero, y mucho.

Y aun así, te quiero. Porque no entiendo que seas de otra manera. Ya no te concibo sin hacer ese tipo de cosas que me hacen sudar y pedir perdón compulsivamente.

Y claro que te quiero. Y más que a nada en este mundo. Aunque nos miren por tus alaridos sin que haya marcado tu equipo favorito.

Y ¿Sabes por qué te quiero? Porque siendo diferente veo en ti a una persona que me adora y me hace sentir que soy algo esencial en su vida. Y lo logras, sin poder hablar, sin saber besar y sin abrazar. Y aún lo consigues. Y tío, eso es muy grande.

Al final va a ser que lo de ser mi hijo es lo de menos, jajajajaja.

 

Reflexiones de una persona con autismo


Fotografía: David Martín