¿Cómo mirar a una persona con autismo?

Yo no soy unas zapatillas colgadas en un cable de la luz a las que nadie puede llegar.

Ni tampoco voy a ser nunca una lata vacía que se ha quedado encajada en una alcantarilla, y no está dentro ni fuera.

Yo no soy un cristal roto en un pasto seco, al que le puede dar el sol y provocar un incendio.

Ni tampoco el niño impertinente al que los padres ríen las gracias cuando llama calvo a un señor sin pelo.

No me veas como la chica a la que nadie besa en la discoteca, ni como el cubata al que se le han derretido los hielos.

Yo no soy una café aguado, ni muchos menos una paella con el arroz duro.

Ni tampoco el novio que sale corriendo detrás de la novia que le ha dicho que no en el altar.

Yo no soy un cardo en mitad de un campo de amapolas, ni un perro que lleva un embudo blanco al que mira todo el mundo.

No soy la montaña sin eco, ni el río sin piedras, no soy el mar sin sal, ni la mirada de una niña sin cariño.

Ni tampoco el tren que se queda sin destino, ni la maleta vieja del viajero que va a ninguna parte.

Yo no soy tormenta sin agua, ni beso sin sentimiento, y si te das la vuelta lo máximo que te puedo clavar es mi mirada.

No soy la madrugada de una noche eterna, ni el sol que calienta al sediento.

Tampoco quiero ser el primero de la clase, pero no veas en mí al último.

Todas estas cosas, yo no las soy.

Mucho de lo que yo soy, depende de cómo me mires y me ayudes tú. Si tú no me ayudas me puedo quedar a la mitad de mis posibilidades, y seré una tarta sin terminar, o el esqueleto de un edificio que dejaron a medias.

¡Claro que te necesito! Decir lo contrario sería de tontos, y te prometo que tampoco lo soy.

¿Cómo me puedes ayudar?

Mírame sin prejuicios, sin aplicar los mismos filtros que aplicas a los demás. Intenta que si mi abrazo se queda a medias, seas tú el que lo termina; o si yo no contesto a tus preguntas, deja que lo haga mi padre por mí.

Tu dinero me da igual, lo que quiero es tu cariño, amor, comprensión y aceptación. De eso vivo, de eso me nutro. Mi día es más feliz cuando alguien se acerca a mí y me iguala y me incluye y me habla con amor y me anima y me achucha y me transmite que lo estoy haciendo bien.

Como tú me mires, así seré yo.

 

Reflexiones de una persona con autismo