Los cuñados y el autismo

Tu cuñado ya no es aquel tipo que mete la mano en la nevera y se queda con el bote más frío de cerveza. Tu cuñado ya no es aquel que critica como has puesto los aspersores y que dice que la luz de la cocina está demasiado baja. Ya no lo sabe todo.

¡Está perdido! igual que tú. No sabe nada del autismo.

Tienes que conseguir unirle al proyecto de vida de tu hijo y sin duda es una figura vital en la que podrás apoyarte en los momentos más difíciles que seguro llegarán.

Hay que tener en cuenta que una persona con autismo no diferencia entre cuñados, tíos, abuelos, primos, son tremendamente sinceros en ofrecer amor y cariño y de esta forma querrán sin los prejuicios y sin tener en cuenta las posibles diferencias familiares que pudieran existir.

El triunfo familiar, en ayudar a tu hijo con autismo, es que se olviden esas “pequeñas cosas” que existen en todas las familias y que las separan. Incluso a las que más se quieren.

La gran diferencia entre el éxito y el fracaso ante el hecho de sacar adelante a una persona con autismo, buscando su inclusión y explotando al máximo sus posibilidades, consiste en gran medida en la unión que demuestre su familia en los momentos duros, que sin duda llegarán. Una familia separada por viejas rencillas que no se hablen, que no acepten el autismo como lo que es, es una verdadera bomba nuclear para la persona con autismo.

Debemos intentar separar a la persona con autismo de nuestros problemas de adultos y utilizando palabras empresariales,  muy de moda, que la suma de todos nosotros como familia sirva para multiplicar sus capacidades.

El autismo debe contribuir siempre a unir y no a separar familias. Cada uno tiene que tener en cuenta que ha cambiado su rol y sus expectativas. La persona que era tu cuñado lo sigue siendo, pero ya no es el tío de tu hijo, es el tío de tu hijo que “es una persona con autismo”.

Pasará su duelo y pasará sus expectativas rotas, al igual que lo hará el padre, la madre, el hermano, los primos y cualquier miembro de la familia más cercana.

Para esto, y siempre hablando desde mi experiencia personal, debemos aprender de los niños. Mis sobrinos hacen piña cuando se trata de Lucas. Le ceden sus juguetes, las primeras chuches son para Lucas, si sólo hay un helado es para Lucas… y de esta manera consiguen darnos una lección de vida que como adultos debemos aprender rápidamente.

Nunca nuestras diferencias deben llegar a la persona con autismo. Ya se encarga la sociedad de diferenciarlos de puertas hacia afuera. Si encima nosotros nos separamos…

Tenemos que ser “el pegamento” que una a nuestras familias y olvidarnos de estereotipos que sólo sirvieron para hacer monólogos, como el cuñado que todo lo sabe, y que hacen mucha gracia, pero tratándose del autismo, las risas brillan por su ausencia.

En la medida en la que la familia sea capaz de tener un proyecto común para la persona con autismo, el amor y el cariño brotarán entre todos los miembros. Y ahí, realmente ahí, es donde se le hacen al monstruo del autismo los pies de barro.

Para conseguir esto tenemos que llenar nuestros vasos con empatía, con saber perdonar, con ayuda mutua, con respeto al otro y con mucho amor a todos los miembros de nuestra familia. Y una vez llenos los vasos brindar todos a una y que no haya dudas que se va a brindar por el bienestar de la persona con autismo.

 

Reflexiones de una persona con autismo