Una patada en la boca a los prejuicios

 

Todos los días de lunes a viernes llevo y recoge a mi hijo Lucas del colegio. Sin embargo, hay dos días en los que cambia el medio de transporte. Los lunes, martes y viernes vamos en coche pues mi mujer no lo necesita, y los miércoles y jueves vamos en transporte público. Además hay una variante más y es que dependiendo de cómo vayamos de tiempo, o vamos en metro o vamos en autobús. Según nos convenga más. Estos cambios de rutina, los hemos trabajado con el colegio, y a través de los pictos hemos conseguido hacerle entender a Lucas, que los miércoles y jueves cambia su rutina.

Se estaba portando muy bien siempre que íbamos en transporte público, pero concretamente ayer el autobús iba bastante lleno, (una variable más) y Lucas demasiado nervioso. Al final del autobús conseguimos dos sitios juntos, pero teníamos gente delante y gente detrás. Lucas no hacía más que moverse, tocaba el pelo a la chica que tenía delante, y empezó a dar golpes a la ventanilla de forma violenta. Sinceramente lo tenía bajo control, pero me estaba poniendo nervioso que estuviera molestando “fisicamente” a las personas que teníamos al lado. También para no faltar a la verdad, las personas tuvieron un comportamiento ejemplar (como siempre) y me dijeron: “No sé preocupe de verdad que no pasa nada”. “Que lo entendemos”

Yo de reojo miraba al que tenía detrás, y era una persona sudamericana de color casi negro, y sinceramente con un aspecto no muy bueno. Pero toda esta descripción, no era más que producto de mis malditos prejuicios. Por que mira lo que pasó:

“Cuando llevábamos un rato, Lucas seguía y seguía, y mi nervios crecían al ritmo de sus carcajadas sin sentido. Empecé a pensar que se me iba a ir de las manos la situación. Y de repente, la persona que tengo detrás, ese sudamericano que mi cabeza había ya dictaminado que no tenía buena pinta, me tocó la espalda, e hizo algo que jamás olvidaré, por sus palabras, y por lo que me hizo sentir. Me dijo: Papá, va todo bien???? al principio, entre Lucas y mis prejuicios jugueteando en mi cabeza me puse a la defensiva y le dije; Si, si va todo bien. Casi sin mirarle. El hombre como vio que no había entendido su intención de ayudar, me volvió a tocar en el hombro, y me dijo: NO, me refiero que sí va todo bien con el niño. Que ¿Si el niño está bien? ¿Necesita que le ayude en algo? De repente, le metió una patada en la boca a mis prejuicios, y captó toda mi atención. Le expliqué con todo el cariño que pude que no le pasa nada extraño, si no que era una persona con autismo y que las esperas y los agobios de tanta gente le ponían muy nervioso, y hacía conductas que no estaban dentro de la normalidad. A partir, de ahí el hombre se interesó por el autismo: me preguntó, qué tipo de trastorno era, si mi hijo hablaba o no, si estaba sano, y de vez en cuando le tocaba la cabeza: diciéndole, pero si eres un tío super guapo. Todo dentro de un contexto de educación y respeto como jamás me había pasado. En fin, el hombre marcando de nuevo el respeto al semejante,  dejó de preguntar más allá de lo que a mí me hubiera podido resultar incómodo. Y yo me volví hacia adelante dándole las gracias por todo.

Cuando habían pasado dos  paradas, y estábamos a punto de bajarnos Lucas y yo, el hombre me dio en la espalda, me miro y me dijo: GRACIAS, por cuidar de una persona con una discapacidad. MUCHAS GRACIAS”. Sin más, así de esa manera tan bonita lanzó una bomba Y me dio tanta alegría que alguien me reconociera de manera espontánea mi sacrificio, que en serio porque me bajaba del autobús, porque si no me pongo a llorar”.

Pues igual que cuando se cuenta algo malo, que se dice: yo no soy racista pero es que eran “panchintos”, yo que tampoco soy racista conviene aclarar que este gesto de tanta profundidad y belleza humana, lo hizo una persona sudamericana.

El tema es que la maldad, la bondad, la cooperación, la integración no depende de tu lugar de origen, ni del color de tu piel, ni de muchas cosas que tenemos a veces grabadas a fuego lento en nuestra cabeza. Las buenas personas y las malas, lo son por otra serie de cuestiones y circunstancias, y como dijo mi abuelo: De todo ahí en la Viña del Señor……….

Reflexiones de una persona con autismo