¿Asumes de verdad que tu hija o hijo es una persona con autismo?

¿Puedes llegar a asumir que tu hijo tiene autismo? ¿Pero de verdad serás feliz plenamente sabiendo que tu hijo jamás hablará, o simplemente convives con ello e intentas que esto que llamamos vida pase pronto para no sufrir demasiado?

Sinceramente no lo sé.

¡Yo aún no lo he asimilado! Sobre todo cuando sufro a diario la comparación o imagino qué habría pasado si mi hijo no fuera una persona con autismo. Aún no ha llegado el momento de declarar abiertamente que lo he superado. Lo digo, pero con la boca pequeña pues todavía me levanto  sabiendo que mi hijo no podrá decirme buenos días.

Y me cansa. Me cansa mucho. El aleteo de sus manos, sus risas fuera de contexto y que se desnude cuando vienes a verme.

Me cansa la no comunicación y que me valga por beso un amago de ello. ¡Joder un beso es un beso, no un amago! Y me aburre. Me aburre que nos miren cuando vamos por la calle, y me aburre pensar este mantra: pero él es feliz, pero él feliz…

Y me agobia. Me agobia saber que mi único consuelo es saber que hay gente peor.

Y sufro. Sufro sabiendo que no podrá presentarme nunca a la mujer que ama. ¡Tremendo no saber a quién amas!

Y así pasan los días.

Esa es la gota que cada día cae en tu cabeza: ¡no es como los demás! Así día tras día, minuto a minuto, cada segundo. Sabiendo que esto es así. Que no hay más. Que la lluvia siempre cae hacia abajo.

Sabes que tienes una misión, un objetivo, que es garantizar su vida cuando tú no estés. Aun así, esto es triste, y a veces la tristeza es tan grande que no la puedes digerir; que se te hace bola, como pescado de menú del día.

¡Hoy llueve en Madrid! ninguna cuidad se merece estar sucia ni que llueva en sus calles…, pero la vida es así…, hay que asumirlo.

Reflexiones de una persona con autismo