¿Cómo llega el autismo a tu vida?

Te colaste en mi casa como lo hace la serpiente en la madriguera de los conejos recién nacidos. Viniste sin avisar, como lo hacen los amigos que llaman un domingo por la tarde tocando el timbre al tiempo que dicen: somos nosotros traemos una pizza.

Robaste besos, como el guapo del instituto que se aprovecha de ella, que se enamoró nada más verle, y para él solo era su prueba para ganar una apuesta entre amigotes.

Apuñalas por la espalda, sin impunidad, sin tener castigo, y lo malo es que las consecuencias de tus puñaladas las paga exclusivamente a quien se las has dado y sus seres queridos. Tú no sufres nada. Golpeas, simplemente golpeas. Sin ton ni son. Como la muerte. No respetas ni a clases sociales, ni a personas buenas, ni a personas pobres, ni a nadie, me atrevería incluso a decir que lo haces al azar. Como aquellos chicos que una vez salieron una noche a ver a quien podían pegar, no tenían ninguna víctima en mente, solo golpearían al primero que se les cruzara.

Este es uno de tus grandísimos venenos: que te disfrazas de novia en la boda, de niño en el bautizo y de tío bonachón en el cumpleaños de la sobrina querida, y cuando todos están disfrutando de su hijo te quitas la careta, y ni eres novia, ni eres niño y mucho menos bonachón.

Y ahí aturdes. No hay peor cosa que alguien golpeé a otro, sin motivo, sin esperarlo, sin mediar palabra. Entre el shock que te produce la hostia recibida y la poca información de las consecuencias del golpe, solo deseas una cosa: que realmente todo sea un sueño y que lo que estás viviendo solo sea fruto de tu imaginación.

Ahí nace tu segunda cualidad negra: Cuando llegas, lo haces para quedarte. Te dicen que no tiene cura, que no es una enfermedad. Esto te cuesta entenderlo porque deseas que “tu hijo se cure”. Pronto entenderás que no se curará, que es simplemente una persona maravillosa que ve el mundo de una manera diferente al resto de los mortales, en definitiva uno más, pues cada ser humano es así.

Pero aún no te conformas y ejecutas el plan perfecto para hacer aún más daño. Una vez instalado, empiezas a golpear en el núcleo familiar intentando separar familias, alimentar discusiones y tratando de que la gente salga corriendo para que tú puedas triunfar en el menor tiempo posible.

Ahí es donde radica la lucha contra ti. En la unión. En la unión familiar, de padres e hijos en primera instancia; en la unión de todos los miembros de la familia para que las grietas que vas a provocar no se hagan grandes si no que sean lo más pequeñas posibles. Esta es la única manera de plantarte cara: estar todos unidos empujando y velando por la persona que tiene autismo.

Desgraciadamente esto a veces no ocurre y hay personas que se hunden, que escapan, que no aceptan, y como dice la canción, yo he sido todas y cada una de ellas hasta que me he dado cuenta de que la única razón por la que debo continuar luchando es mi hijo, porque tú no vas a abandonar y se debe aprender a convivir contigo, a hacerte más pequeño, a que triunfe la unión frente a la separación que propones cada segundo. Solo así aumentarán las posibilidades de que nuestros hijos sean felices a pesar de tu presencia. Si esperamos a que tú abandones, solo conseguiremos que lluevan gotas de barro sobre los trajes limpios de todos nosotros. .. Y además te habrás llevado los paraguas.

Esto que propongo es muy difícil, pero de momento no encuentro otro camino para intentar que mi hijo, su hermano, mi mujer y yo seamos felices. Convivir contigo y hacerte cada vez más pequeño: eso sí, no me pidas nunca que te quiera, AUTISMO.

 

Reflexiones de una persona con autismo