Las notas y el autismo

Un diez papá, un diez, he sacado un diez, y ¿sabes qué? David ha sacado sólo un bien. Y Manuela ha suspendido. Creo que soy el mejor de clase. He ganado a todos.

Hijo mío y en ¿qué ha sacado un diez?

En llevar el plato a la mesa…

En el mundo azul del autismo no se dan notas así. Lo que se valora es el cumplimiento o no de unos objetivos que se establecieron entre el grupo de profesionales y los padres a principios de curso. Objetivos que se establecen según las necesidades de cada familia.

Así debería de ser la vida educativa de cualquier niño del mundo: que no hubiera notas. Es un poco desolador ver cómo niños de 11 años, que es la edad de mi otro hijo, van entrando a empujones en una competitividad mal entendida.

Hay que ser consecuentes y ver el papel que nosotros como padres desempeñamos en empujar a nuestros hijos a esta carrera diabólica en la que la gran mayoría de las veces se llevan más disgustos que alegrías, por algo muy simple, y es que en la notas, como en el viejo oeste, siempre hubo alguien más rápido.

¿En qué se traduce esta competitividad? Pues en la creación de frustración de los más pequeños y en algo interior que a veces va ocurriendo sin darnos cuenta: en la destrucción de la autoestima de cada uno. Porque esto también funciona de manera muy simple, y es que si tú te estás comparando continuamente con el resto de los niños, y tú no eres de los buenos y muchos sacan un 8, un 9 y tú solo un 5, piensas que eres malo, que no sirves y así, es cuestión de tiempo, que te dejes de querer. Creo que ya está suficientemente demostrado que el primer paso para ser una persona plena y feliz es quererse a uno mismo.

Terminando lo que dije más atrás somos todos responsables de esto. Y yo el primero. De vez en cuando se me va la olla y le digo a mi hijo: Hugo no ves que Fulanito ha sacado un 9 y tú solo un 6, no ves que tú puedes sacar lo mismo o más que Fulanito. ¡Qué comentario más idiota¡. No sería mucho mejor decirle a mi hijo: ¡Bien hecho hijo mío! Te has esforzado, lo he visto cuando te ayudaba. He visto cómo te esforzabas  y este 6 es el reconocimiento a tu esfuerzo. ¿Crees hijo mío que te has esforzado lo suficiente? ¿Has dado lo máximo que podías dar? Si me contesta que sí a las dos preguntas solo queda una acción: darle un abrazo a mi hijo y decirle que es un crack, que ha dado lo mejor de sí y eso siempre es un 10.

Claro, entiendo que alguien pueda pensar que hablo así porque mis hijos no sacan buenas notas, y este es un hecho evidente, no puedo decir que saquen buenas notas, pero lo que también es evidente, y los últimos estudios van por ahí, es que un coeficiente de inteligencia elevado no es sinónimo de felicidad en la vida. Sobre los principios de lo que es inteligencia y sobre los que hemos construido nuestro sistema educativo, empiezan a aparecer avisos de que no hay correspondencia entre personas brillantes en los estudios y que hayan alcanzado la felicidad.

¿Y no será que haya otras cosas que se nos estén olvidando y que sean igual de importantes que sacar un 5 en matemáticas? La interacción social, la inteligencia emocional, hablar en público, la empatía, el liderazgo, la escucha activa, y un largo etcétera que aprendemos en la calle y que las escuelas se deberían de empezar a plantear en ponerlas en marcha.

Se me ocurre que podríamos puntuar lo buenas o malas personas que somos ¿es una locura verdad?  Es mucho mejor que mi hijo saque un 9 en los ríos de Europa a que sepa ayudar al prójimo.

En fin, intentaremos luchar por lo que consideramos más justo.

 

Reflexiones de una persona con autismo