Sí, os hablo a vosotras dos. Y lo hago desde el cariño más absoluto y pleno que existe. Desde mi cariño de un niño de 7 años, que no está manchado con el barro del paso de los años y de los golpes que da la vida.

Sí, claro que os hablo a vosotras dos. Recuerdo aún como cuando jugaba yo solo en primero de infantil, en el patio y sentía que tenía cuatro ojos vigilando que no cogiera una piedra y me la comiera. O como me cogíais de la mano para guiarme hasta mi clase porque yo nunca supe llegar solo.

Sí, es a vosotras dos a quien hoy os hablo. Porque me dísteis chuches antes que al resto, y cuando mis padres estaban tomando el aperitivo, decíais aquella frase que sonaba a música celestial para ellos cuando yo me alejaba sin sentido: no, seguir tranquilos que esta vez voy yo.

Vosotras dos, sí, prestad atención. Que fuerais mis profesoras dentro y fuera del colegio, ha hecho que ya nunca os pueda olvidar. Y aunque no os lo pueda decir, contar con que siempre os llevaré conmigo.

Sí, os hablo a vosotras dos. Lo poco o mucho que sé es por vosotras. Hicísteis todo lo posible por integrarme. Lo disteis todo, sin prejuicios y mirándome como al resto de la clase. Fuisteis bondadosas y pacientes con mi torpeza psicomotriz y nunca arrojásteis la toalla de la rendición.

Hablo de vosotras dos. Pero todo esto se ha quedado pequeño, al lado de lo que hace años me enseñásteis a hacer. Me enseñasteis a abrazar y a besar. Día tras día, cada vez que me veíais me saludabais con un: ¿y mi beso Lucas? Y así años. Y nunca bajasteis la guardia. Y yo no os lo daba, y lejos de abandonar seguiais pidiéndolo. Yo escapaba. Pero esto sólo alimentaba vuestras ganas de continuar. Y siempre me deciais: ¿y mi beso?

Y así he llegado al día de hoy, que cuando alguien me pide un beso y un abrazo lo intento. Sé que no lo hago perfecto pero lo hago. Y mi familia grita de alegría cuando al despedirme de mis abuelos, todos reconocen que lo hago con un beso y un abrazo. Seguiré mejorando pero que conste que fuisteis vosotras dos las que me enseñasteis a besar y abrazar.

Sí, os hablo a vosotras: Begoña y Ana. A mis dos profesoras dentro y fuera del colegio, que me enseñasteis el don más preciado que puede llegar a tener cualquier ser humano: besar y abrazar.

Soy Lucas, tengo 7 años, y ya casi sé abrazar y besar. Os quiero y nunca os olvidaré.

Con cariño a todos los profesores y profesoras que alguna vez han tenido la suerte de poder enseñar a una persona con autismo.

– Reflexiones de un autista

 


Fotografía: David Martín