Pasas a mi lado y no me ves

Pasas a mi lado y no me ves

¡Qué triste!, que siga aquí esperando a que me llames un día para ir al cumpleaños de tu hijo.

¡Qué triste! que en mis tardes sólo haya pelotas que se iluminan y juegos de piezas de construcción, pero nadie con quien jugar.

¡Qué triste! que nunca me llames para ir al cine contigo.

¡Qué triste! que sigas mirándome con cara de miedo y de lástima lastimera.

¡Qué triste! que no quieras pasar una tarde conmigo porque “te sobrepaso”.

¡Qué triste! que no pueda ir a la piscina pública por miedo a que mis esfínteres campen a sus anchas.

¡Qué triste! que laves tu conciencia diciéndome: cuanto te quiero Lucas, pero luego no me lleves contigo de vacaciones.

¡Qué triste! que cuando me das un beso y lo esquivo, no repitas hasta que lo consigas.

¡Qué triste! que esperes a que hable para comunicarte conmigo ¿y si no hablo nunca?

¡Qué triste! que vayas por la vida de tolerante y de solidaria, pero luego no te acerques a mí.

¡Qué triste! que no ayudes a las personas como yo y pongas dinero si tu equipo de fútbol te lo pide.

¡Qué triste! que no me dejes tu móvil caro por si te lo rompo, ¿te importa más tu iPhone que mi integración?

¡Qué triste! que te asusten mis gritos y no los de la injusticia y la agresión a personas diferentes.

¡Qué triste! que te de pena.

¡Qué triste! que te cruces de acera cuando me ves porque no sabes qué decir. No digas nada, pero mírame.

¡Qué triste! que tengas miedo a que te agreda y no hagas nada cuando me agredo a mí mismo.

¡Qué triste! que no entiendas que no debes gritarme y decirme que NO todo el rato.

¡Qué triste! que no sepas abrir nuevos caminos hacia mí y así encontrarme contigo.

¡Qué triste! que no identifiques mis momentos de conexión con tu mundo y me comas a besos.

¡Qué triste! que te hagas el olvidadizo cuando hablamos de darme abrazos imposibles.

¡Qué triste! que escondas tus manos y no intentes hacerme cosquillas que tanto me gustan.

¡Qué triste! que haya dinero para otras cosas y no para integrar a personas como yo.

¡Qué triste! que haya niños como yo que por falta de recursos económicos estén abocados al salón de su casa.

¡Qué triste! que no consigáis hacer un sistema educativo en el que estuviera integrado con los niños neurotípicos de mi edad.

¡Qué triste! que para hacerme un empaste me tengan que sedar.

¡Qué triste! que no me integres.

¡Qué triste! que me quieras y no seas capaz de acercarte y decírmelo.

Pero, que sepas que yo te quiero y me da igual que no hagas determinadas cosas. YO seguiré haciendo esfuerzos para llegar hasta a ti.

Y eso querido amigo, no es nada triste.

-Reflexiones de una persona con autismo.

 


Fotografía: David Martín

 

Acciones sinónimo de integración

Acciones sinónimo de integración

Si abres tus brazos que sea para abrazarme, y si pones tus labios para besar que sea para besarme. No hagas cosas que vayan en contra de la inercia natural de lo que sientes por mí.

Que tus acciones sean sinónimo de integración y no el resultado de la suma de tu indiferencia y tu poca solidaridad, que al final es la exclusión.

NO te pido más cariño del que puedas darme, ni sacrificios que te suponga abandonar tus obligaciones principales. Solo quiero que sigas el principio general de ayudar al más débil.

Que tus ojos no me miren como algo que no debería haber pasado y no busques en tus Dioses la justificación para no echarme una mano.

Que si te quieres acercar a mí, lo hagas sin miedo. Que la paciencia siempre trae sus recompensas y hay caminos que cuesta andar más que otros.

Que tus palabras sean siempre el principio del discurso del ánimo y de la motivación y no uses el lenguaje para despreciar mis posibilidades de aprendizaje comparándome con el resto.

Necesito que tus manos tiren de mí para meterme dentro de la sociedad que hemos creado, y no que empujes hacia afuera pues desgraciadamente de eso, sin quererlo, ya me encargo yo.

Tu dinero no lo quiero, ni tus juguetes, ni tus brindis al sol, quiero tus caricias, tus besos y tus abrazos. Pues aun cuando veas que cuesta mucho dármelos cuando lo consigas te sabrán diferentes y mejor que los otros que regalas sin conocimiento.

Necesito que tus pensamientos y tus acciones se alineen cuando quieras acercarte a mí. Y que lo que hagas con respecto a mí, no sea simplemente agua tibia para limpiar tu conciencia.

Necesito que guardes los posibles cuchillos que tengas preparados para clavarlos en las espaldas de tus enemigos, porque conmigo no los vas a necesitar. En mi mundo las armas son de gomaespuma y las únicas bombas que conocemos son las que estallan al explotar las piñatas llenas de chuches.

Tráeme chocolate, miel y azúcar en tus caricias; que tus besos sepan a flores y que tus miradas sean tiernas como las galletas que mojo en leche. Conmigo no conseguirás nada si alzas la voz y miras para otro lado. Conmigo no vas bien si intentas jugar como con el resto, mi mundo es diferente y dependo claramente de tu capacidad para entenderlo.

Sé que todo esto que pido es mucho y no quiero aprovechar mi debilidad para pedirte cosas que no puedas hacer. Toda carrera empieza con un primer paso, y tú tienes que darlo conmigo.

Simplemente la próxima vez que me veas, tócate la cabeza con tu mano derecha y dime: ¡¡¡hola Lucas¡¡¡ con eso has empezado a llamar a la puertas de entrada de mi mundo.

Lo que necesito es simplemente que me digas ¡Hola! y a partir de ahí entrarás en un mundo, nuevo para ti, que solo te traerá alegrías. ¡Atrévete!

-Reflexiones de una persona con autismo.

 


Fotografía: Blanca Martín, 7 años (hija de David Martín)

 

Mi  hermano

Mi hermano

Mi hermano es más grande que el sol,
brilla más que él, y aunque le abraces nunca te quemas.

Mi hermano, es más bonito que la luna;
siempre está “lleno” de besos y caricias para mí y me los regala sin ningún tipo de límite.

Mi hermano es más enorme que el mar,
siempre está tranquilo para que sus olas no me asusten y el agua está caliente para que pueda bañarme mucho tiempo.

Mi hermano es más hermoso que un bosque en otoño,
sus ramas son su brazos, por eso aunque yo no quiera siempre consigue abrazarme,
y las hojas que se caen son besos que terminan allí donde mejor les conviene.

Mi hermano es un parque tranquilo,
con columpios recién pintados para que pueda balancearme sin tener miedo a caerme.
Su suelo está acolchado y si tengo mala suerte y me caigo, aparecen nubes que amortiguan mi caída.

Mi hermano es un río tranquilo, en el que puedo jugar en verano y pasear en invierno.
No tengo miedo de este río, que cuando se produce el deshielo en la montaña, solo viene lleno de caricias y achuchones para mí.

Mi hermano es una montaña gigante que me deja a mí escalar,
pero que si vienes a hacerme daño se oscurece y te tira rocas hasta que vas.

Mi hermano es una noche tranquila, un día divertido, un melón que sabe bien.
Es compañero de viaje, amigo de los más débiles y soldado que nunca falla.

Mi hermano es el protagonista de la película de mi vida;
es compañero de fatigas y es el que canta conmigo cuando yo me arranco de alegría.

Mi hermano me da agua si tengo sed, una chuche si tengo un capricho
y jamás me ha levantado la mano.

Mi hermano es un ser especial, alguien que me entiende mejor que nadie y alguien que ha sabido dar un paso para atrás para que yo me lleve la atención de todos los presentes.

Mi hermano ha renunciado a una parte importante de lo que es ser niño, pues no tiene lo que tienen los demás, pero a pesar de eso, es un creador de felicidad y hace magia en el seno de mi familia para que cuando las lágrimas aparecen, se vayan lo antes posible.

Mi hermano hace magia con nada, saca risas del cajón, su corazón está lleno de palomitas dulces y nunca hay sitio para la gente que no nos quiere.

Mi hermano es la persona a la que más quiero del mundo… aunque no se lo pueda decir él lo sabe.
Mi hermano es guardián de mi silencio y amante de mis besos.

Hermano te quiero.

-Reflexiones de una persona con autismo.

 


Fotografía: David Martín

 

Hazme llorar lágrimas de miel

Hazme llorar lágrimas de miel

Lágrimas de miel, cuando veo que te acercas con una sonrisa.
Lágrimas de barro, cuando veo que te alejas de mí, guiado por tus miedos.

Lágrimas de miel, cuando intentas abrazarme y llevarme al mundo alegre de las cosquillas.
Lágrimas de barro, cuando veo que no me acaricias por miedo a que te esquive.

Lágrimas de miel, cuando intentas que tu hijo me conozca.
Lágrimas de barro, cuando coges a tu hijo y le apartas de mi como si se fuera a quemar.

Lágrimas de miel, cuando me pasas la pelota aunque no la toque.
Lágrimas de barro, cuando me apartas de tus juegos y tus risas.

Lágrimas de miel, cuando me ayudas a levantarme.
Lágrimas de barro, cuando eres el origen de mis tropiezos.

Lágrimas de miel, cuando limpias mis heridas.
Lágrimas de barro, cuando las haces más grandes.

Lágrimas de miel, cuando detectas mi diferencia.
Lágrimas de barro, cuando la haces más grande.

Lágrimas de miel, cuando intentas comunicarte conmigo.
Lágrimas de barro, cuando ni siquiera lo intentas.

Hazme llorar lágrimas de miel, pues no me merezco otra cosa. Yo no pude elegir y ser lo diferente que soy. Tú si puedes elegir cómo sean mis lágrimas.

-Reflexiones de una persona con autismo.

 


Fotografía: David Martín

 

Conciliación familiar y autismo

Conciliación familiar y autismo

Mamá hoy quiero decirte que te quiero, pero las palabras no me salen. Eres la elegida; de todas las personas que podía haber escogida te elegí a ti y ahora no tengo la manera de decírtelo.

Hay días que vienes tarde de trabajar y lo único que tengo son mis gritos sin sentido y mi nerviosismo como muestra de que necesito y quiero que estés junto a mí.

Sé que la vida que habéis montado vosotros los mayores funciona así. Tenéis que trabajar largas horas a costa de estar con nosotros y yo eso lo respeto. Todo lo mueve el dinero. Pero también tienes que entender que no lo comprenda: ¿cómo podéis crear un mundo en el que os olvidéis de nosotros?

Las excusas ya me las conozco, “es que necesitamos dinero para pagar tu colegio”, “es que quiero tener una vida profesional llena y completa para sentirme bien”… y yo respeto estas y otras muchas “excusas” que validan el que no estés más tiempo a mi lado.

A ti no te echo la culpa, ¡solo faltaba! Pero me pregunto, ¿por qué tienes que trabajar más horas para ganar lo mismo que un hombre? ¿Por qué tienes que demostrar más que un hombre para llegar al mismo sitio que llega él? y así, con estas preguntas, aumenta mi respeto hacia ti, pero aumenta también mi confusión y que no logre entender el mundo que habéis creado.

Otra cosa que llevo muy mal es que vosotros los adultos, de los que tengo que aprender y parecerme a ellos, dicen cosas que luego no cumplen. He oído hablar de conciliar la vida profesional y la personal ¿pero eso no significaría que pudieras estar más tiempo conmigo? y entonces ¿por qué se dice eso si la traducción real es que estás menos conmigo?

¿Por qué decís que hacéis políticas para fomentar la familia y proteger a los niños, y creáis un mundo donde las familias tienen horarios laborales interminables que hacen que, papá y tú, lleguéis a mis abrazos dando bostezos porque ya no podéis más con el día?

De verdad no os entiendo. Yo nunca quise vuestro dinero, ni tener un coche caro, ni tener el último modelo de tablet. NO entiendo de nada de eso. Yo lo único que deseo es estar el mayor número de horas junto a ti y a papá. Y veo que esto no sucede. NO os lo toméis a mal, pero estáis cometiendo algún error.

Luego a veces os oigo hablar en vuestras comidas con amigos sobre que los niños de hoy y los jóvenes han perdido sus valores y no tienen educación. Y yo me pregunto ¿para inculcar estos valores y esta educación no es vital que estéis vosotros los adultos más tiempo con los niños?

Mamá no tomes esto como un reproche hacia ti que no eres más que una pieza del puzzle maldito que hemos creado como sociedad. Nos hemos ocupado más de hacer un móvil táctil que de cómo abrazar a un niño, y dentro de poco tendremos móviles con la última tecnología pero nuestros hijos no estarán ahí para hablar con nosotros.

Por favor, solo quiero estar más tiempo con vosotros. Hacer lo posible para que esto se cumpla. Quiero que las horas que estáis a mi lado estéis descansando y con vuestro tarro de paciencia y de besos lleno para dármelo a mí. Sé que es difícil, pero sé que lo podemos lograr.

Quiero estar con vosotros.

-Reflexiones de una persona con autismo.

 


Fotografía: David Martín

 

Décimo mandamiento: quiéreme

Décimo mandamiento: quiéreme

Así de simple, quiéreme.

De una manera simple y limpia. No esperes nada a cambio, eso es querer de verdad, sólo así te iré sorprendiendo.

Quiéreme sin límites, sin insistencias nerviosas, sin expectativas que sólo existen para ti.

Revienta tus prejuicios y no hagas caso de tus corazonadas que se alimentan de normalidad que tú y los tuyos habéis instalado como verdades absolutas.

Quiéreme, atrévete, vente conmigo a subir el Everest. Lleva mi mochila que yo cuando pueda llevaré la tuya, pero te necesito para subir a la cumbre de mis posibilidades.

Yo llegaré al máximo y tú tienes que estar a mi lado, sólo así podré hacerlo.

No me tengas como una de tus prioridades pero tampoco como la gasolina que mueve el motor de tu olvido. Si me obvias y miras para otro lado contribuyes a que la brecha de la diferencia social cada vez sea más amplia y tú serás uno de los responsables.

Mira el aleteo de mis manos como aquellas caricias que te pido y no dejo que me des, pero inténtalo.

Huir no es la solución, acércate a mí, rompe las barreras que te enseñaron y por el hueco que dejes en ellas yo me encargaré de llegar hasta ti. Procura sacar de mis silencios lecciones de tranquilidad de estar obrando bien.

Te necesito y tú a mí, porque así los dos nos haremos enormes ante la injusticia social.

Que no te asuste la diferencia, ámala, pues gracias a ella tú consigues ser único.

Y de verdad, deja que los límites al amor que me tienes los ponga yo, a ti no te conviene.

Por favor, mañana cuando te levantes considérame una oferta válida para estar entre lo mejor que se puede hacer por otro ser humano: que es ayudarle.

Sé que lo harás, pues sólo de esta manera tu camino y el mío habrán merecido la pena.

Pocas cosas puedo prometer en esta vida pero te prometo que si me quieres de esta forma, cuando llegues conmigo a la cima, el sentirte orgulloso de mi será lo menos que te habrá pasado pues realmente de lo que estarás orgulloso será de ti mismo.

Además, si cumples este décimo mandamiento los otros 9 darán igual.

¡Vente por favor, vente! Yo solo no puedo subir; cuando coronemos la cima tú y yo seremos testigos de ese maravilloso paisaje.

Ah, y recuerda, yo ya te quiero de esta forma, aunque no pueda decírtelo.

-Reflexiones de una persona con autismo.

 


Fotografía: David Martín