Este es el himno de las personas con autismo

Este es el himno de las personas con autismo

Este es el himno de la gente que nunca se rinde, que persigue que sus hijos no tengan que explicar a nadie que son diferentes.

Este es el himno de la gente que no arroja la toalla aunque la vida le vaya ganando, de la gente que aguanta y se cae y se levanta y se cae y se vuelve a levantar cada vez más fuerte.

Este es el himno de la gente que lucha por abrazos que se escapan y por besos que no se dan, pero que siempre tienen sus brazos y sus labios preparados para recibir.

Este es el himno de la gente que no permite que sus hijos sean alejados de sus posibilidades de aprender y que no dejan que sean aislados como náufragos en la isla que la sociedad se ha encargado de construir a base de prejuicios y calificativos a personas que no están dentro de los cánones que se consideran normales.

Este es el himno de familias que se levantan cada mañana con la esperanza de oír decir a su hijo “quiero zumo” y que saben que algún día ocurrirá.

Este es el himno de la gente tolerante, que sabe que las prioridades en su vida han cambiado y tienen la certeza que lo han hecho para bien.

Este es el himno de hermanos que hacen de padres con sus hermanos y de padres que estiran sus posibilidades hasta el infinito y mucho más allá.

Este es el himno de la gente que sabe perdonar, que sabe soportar las miradas de asombro que caen como lluvia de gotas negras sobre la autoestima de sus hijos.

Este es el himno de la gente que se deprime y sabe salir de la nube negra, de la gente que llora a solas pero que nadie nunca le ha visto venirse abajo.

Este es el himno de la gente que no echa la culpa de su situación a nadie ni a nada y que saben jugar su mejor partida con las cartas que le ha dado la vida.

Este es el himno de la gente que busca agua en el desierto y la encuentra, y que bajo la tormenta solo saben sonreír y buscar cobijo para la gente que quieren.

Este es el himno de la gente que baila aunque no haya nadie en la pista y se ríe con el corazón de la gente que no les ayuda.

Este es el himno de la gente que cree que siempre existe un mañana mejor pero que lo dan todo hoy.

Este es himno de gente que integra, que apuesta por los que no pueden y que ayudan al desfavorecido.

Este es el himno que debes cantar tú y si no quieres te respeto pero deja paso para los que cantamos el himno de los que creemos en la GENTE DIFERENTE.

-Reflexiones de una persona con autismo.

 


Fotografía: David Martín

 

Diferentes forma de comunicar

Diferentes forma de comunicar

Pellizquitos en tus manos para sentirte cerca.

Pellizquitos en tus besos para que no sean para otro.

Pellizquitos en tu alma para que no se quede dormida.

Pellizquitos yo a ti y tú a mí.

Pellizquitos para que tus avances no paren nunca.

Pellizquitos para que te quieran como eres y no como les gustaría que fueras.

Pellizquitos para que mires a los ojos que te lo ponen difícil pero no imposible.

Pellizquitos para que seas mi mitad sin la que no podría ser yo.

Pellizquitos para que sepas que estuve, estoy y estaré siempre a tu lado.

Pellizquitos para que algún día digas papá y yo te diga pellizquitos.

Pellizquitos para que no olvides que eres lo más importante para tu madre y lo más importante de nuestra familia.

Entre las muchas cosas diferentes con las que nos sorprendes día a día ahora tienes la maravillosa costumbre de coger nuestras manos y dar pequeños pellizquitos hasta que el sueño te vence.

Lo haces una y otra vez, hasta que el sueño te vence. Esos pellizquitos son el preludio de tu sueño y si no los haces no te duermes.

Me voy al sueño contigo a mi lado y con mi corazón lleno de pellizquitos maravillosos que me das durante el día.

Espero ansioso los pellizquitos de mañana por que los de hoy ya se terminaron.

-Reflexiones de una persona con autismo.

 


Fotografía: David Martín

 

Dama de encuentros fugaces

Dama de encuentros fugaces

¡Eres dama de encuentros fugaces!

Estás demasiado acostumbrada a los continuos devaneos con todos y por eso el compromiso te da miedo.

Sueles irte a veces con gente que no te merece y nadie se explica cómo, más de una vez, ves amanecer abrazada al torso de tal personaje.

Actúas como niña mal criada, concediendo tus besos sin ningún tipo de criterio. En tus encuentros despiertas una inmensa alegría que acompañas de otras emociones al marcharte. Jugueteas con la decepción, el miedo y la incertidumbre al escondite, y nunca te encuentran. Sólo cuando te marchas, dejándolas tiradas.

Emborrachas a las expectativas y las esperanzas, para sacarles el dinero, y reírte de ellas cuando se dan la vuelta.

Para muchos eres excusa perfecta porque ven en ti el agua que calma su sed. De esta forma y sin tú quererlo te conviertes en el argumento de muchos para sus éxitos y sus fracasos. Apareces en los sitios más insospechados y a las horas más intempestivas. ¡Salvas o hundes a tu antojo! ¡Aprietas o aflojas según te da la gana! Nadie jamás te sintió a su lado para siempre. Y eso es porque eres infiel por naturaleza.

Por eso, eres dama de encuentros fugaces.

Cuando besas, el afortunado en seguida se enamora de ti y quiere hacer el amor contigo casi de forma compulsiva. Te lleva a cenar a los mejores restaurantes, para impresionarte y poder entregar su vida a tus brazos traidores. Y de esta forma cuando le tienes enamorado, se levanta una mañana, toca las sábanas esperando rozar tu tersa piel y se encuentra con el frío desolador del hueco que has dejado arropado por una sábana blanca de seda. Sólo encuentra una nota pegada en el frigorífico que pone: ¡¡¡ QUE TE DEN¡¡¡

Y es cuando sales a buscar a tu próxima víctima que será afortunado de día y desgraciado en tu huida aprovechando la oscuridad de la noche.

¡Eres dama de encuentros fugaces!

Siempre has tenido dos caras, una buena y otra mala. ¡Y has contado con una legión de fieles seguidores! Algunos te atribuyen tal poder que te hacen incluso responsable de su mala o buena vida. Y a pesar de esta devoción, te sigues riendo de todo y de todos desde el inicio de los tiempos.

¡Eres dama de encuentros fugaces!, pero a mí me enseñaron que no existías. Solamente eres producto de cuando coincide la preparación con la oportunidad. Y así me he ido preparando toda la vida para que apareciera la oportunidad.

A mí no me encandilaste en el primer plato, ni me enamoraste en el segundo y en los postres el que se levantó y se fue fui yo.

Quizás esté pagando todo esto y me estés haciendo este tipo de cosas para terminar reconociendo tu existencia. ¡A esto estoy dispuesto! pues nunca fui hombre de no reconocer errores pasados.

Eso sí querida suerte, como sigas cebándote con mis hijos, me da igual donde te escondas pues te encontraré…

Para mí no eres dama de encuentros fugaces, sino una ladrona de bajo postín, que pasas tu vida robando esperanzas y prometiendo cosas que sabes que jamás vas a cumplir. Sólo por esto hace mucho tiempo que el ser humano te tenía que haber exiliado al terreno baldío de los conceptos olvidados.

Por mi lado, SUERTE, ya seas BUENA O MALA, sigo sin creer en ti.

Así que sigue tu camino y que te invite a cenar otro, pues hoy las flores prefiero regalárselas a mi AMADA ESPERANZA.

-Reflexiones de una persona con autismo.


Fotografía: David Martín

 

¿Una persona con autismo es más feliz que tú?

¿Una persona con autismo es más feliz que tú?

Ahora los piojos es pediculosis, y meterse con otros niños se llama bullying.

Ahora ya no te llevas bien con gente de otros departamentos, si no que aprovechas sinergias.

Los cuernos, ya no existen. Y quienes los sufren, ahora son víctimas de parejas que han decidido emprender un nuevo camino al lado de otra persona que le acerca más a su proyecto personal.

El trepa se marchó, ahora el que pisa la cabeza de su compañero en el curro es porque quiere darle un impulso a su carrera profesional que para eso hizo el master en tierras lejanas.

Ahora las patatas bravas, son tubérculos aderezados con lágrimas de tomate picante. Y el chato de vino no sabe a nada, si no tiene un final de boca áspero con toques de canela y chocolate blanco.

Ahora el que te agrede verbalmente no lo hace por joder, si no que tienes que saber leer entre líneas para sacar una enseñanza que de otra manera no aprenderías.
Incluso ahora el ser tú mismo se llama marca personal.

Si tú hijo es un inútil en el colegio, se trata de un desfase curricular ocasionado por los continuos cambios en el sistema educativo.

No eres nadie si no has corrido un marathon. Y como pidas una ginebra con tónica normal te mirarán, porque eres un alcohólico de los de antes.

Vivimos en el mundo de las palabras grandilocuentes y los postureos de cara a la galería; la gomina se ha cambiado por barbas largas y si no llevas tirantes, te lo tienes que hacer mirar porque te estás quedando obsoleto.

Pues todo esto a una persona con autismo le da igual. Vamos que se la suda. El iPhone 8 le importa un carajo y si has estado en Nueva York de compras le da lo mismo. No te juzgará por tus pintas, no le caerás bien por hablar para terceros y jamás opinará nada malo de ti.

Te conozca poco o mucho, no será una variable para quererte y que no le hayas ayudado en un momento dado quedará en el olvido de aquel momento en cuanto pasó. Será constante contigo siempre en vuestra relación y una vez que aprenda a abrazarte lo hará siempre. Si se acerca a ti para saludarte te saludará siempre sin importarle que aquel día no le esperaste en el ascensor. Si te dice que esas gafas te quedan mal es porque te quedan mal. Jamás te va a herir por el simple hecho de herir. Ni hará estrategias para definir quién realmente es. En su mundo no hay tontos como en el nuestro. En su mundo hay respeto y honestidad. Cosas que aquí a base de inventarnos nuestras propias mentiras hemos ido perdiendo.

Y la gran pregunta es ¿no serán más felices que nosotros los normales?

Cada vez me inclino a pensar que es así…

-Reflexiones de una persona con autismo.


Fotografía: David Martín

 

Pasas a mi lado y no me ves

Pasas a mi lado y no me ves

¡Qué triste!, que siga aquí esperando a que me llames un día para ir al cumpleaños de tu hijo.

¡Qué triste! que en mis tardes sólo haya pelotas que se iluminan y juegos de piezas de construcción, pero nadie con quien jugar.

¡Qué triste! que nunca me llames para ir al cine contigo.

¡Qué triste! que sigas mirándome con cara de miedo y de lástima lastimera.

¡Qué triste! que no quieras pasar una tarde conmigo porque “te sobrepaso”.

¡Qué triste! que no pueda ir a la piscina pública por miedo a que mis esfínteres campen a sus anchas.

¡Qué triste! que laves tu conciencia diciéndome: cuanto te quiero Lucas, pero luego no me lleves contigo de vacaciones.

¡Qué triste! que cuando me das un beso y lo esquivo, no repitas hasta que lo consigas.

¡Qué triste! que esperes a que hable para comunicarte conmigo ¿y si no hablo nunca?

¡Qué triste! que vayas por la vida de tolerante y de solidaria, pero luego no te acerques a mí.

¡Qué triste! que no ayudes a las personas como yo y pongas dinero si tu equipo de fútbol te lo pide.

¡Qué triste! que no me dejes tu móvil caro por si te lo rompo, ¿te importa más tu iPhone que mi integración?

¡Qué triste! que te asusten mis gritos y no los de la injusticia y la agresión a personas diferentes.

¡Qué triste! que te de pena.

¡Qué triste! que te cruces de acera cuando me ves porque no sabes qué decir. No digas nada, pero mírame.

¡Qué triste! que tengas miedo a que te agreda y no hagas nada cuando me agredo a mí mismo.

¡Qué triste! que no entiendas que no debes gritarme y decirme que NO todo el rato.

¡Qué triste! que no sepas abrir nuevos caminos hacia mí y así encontrarme contigo.

¡Qué triste! que no identifiques mis momentos de conexión con tu mundo y me comas a besos.

¡Qué triste! que te hagas el olvidadizo cuando hablamos de darme abrazos imposibles.

¡Qué triste! que escondas tus manos y no intentes hacerme cosquillas que tanto me gustan.

¡Qué triste! que haya dinero para otras cosas y no para integrar a personas como yo.

¡Qué triste! que haya niños como yo que por falta de recursos económicos estén abocados al salón de su casa.

¡Qué triste! que no consigáis hacer un sistema educativo en el que estuviera integrado con los niños neurotípicos de mi edad.

¡Qué triste! que para hacerme un empaste me tengan que sedar.

¡Qué triste! que no me integres.

¡Qué triste! que me quieras y no seas capaz de acercarte y decírmelo.

Pero, que sepas que yo te quiero y me da igual que no hagas determinadas cosas. YO seguiré haciendo esfuerzos para llegar hasta a ti.

Y eso querido amigo, no es nada triste.

-Reflexiones de una persona con autismo.

 


Fotografía: David Martín