Hace nueve años, exactamente un día como hoy, frío y nublado, vino a nuestras vidas el sol y el buen tiempo.

Eso no quiere decir que a veces coja el traje de tormenta y llene nuestras horas de precipitaciones inesperadas.

Hace nueve años, exactamente un día como hoy, vino un niño lleno de sonrisas y tirabuzones que le caigan por la cara.

Eso no quiere decir que le gusten las peluquerías, para él, son circos romanos donde se sacrifica a los más débiles,

Hace nueve años, exactamente un día como hoy, un tsunami de emociones y lágrimas de azúcar se llevó por delante nuestras expectativas.

Eso no quiere decir que no vinieran contigo enseñanzas y nuevos mundos que descubrir.

Y así creciste, y así llegaste hasta dónde estás hoy. Aprendiendo a comunicarte, aprendiendo a relacionarte y jamás tirando la toalla.

Aprendes a mirar a los ojos y a dejar que te toquen.

Hace nueves años, exactamente un día como hoy, nació una perla que pronto empezó a brillar sin necesitar las mismas armas que los demás.

Y así, vas a la guerra diaria de una sociedad que a veces no te entiende y te pone una barra de hierro en las “ruedas de madera” de tu aprendizaje.

Y no te pintas la cara pues no quieres esconderte, jamás lo hiciste, y jamás lo harás porque eso es de cobardes y tú eres “valentía” en vena.

Hace nueve años, exactamente un día como hoy, no sabíamos que nos tendríamos que conformar con tus sonrisas y que nunca nos dirías nada.

Hace nueve años, exactamente un día como hoy, llegó a nuestra vida un segundo yo, una lección de vida y un ejemplo a seguir.

Y no reclamas nada, si quieres algo lo haces, si quieres a alguien lo muestras sin medias tintas, sin esperar nada a cambio.

Por eso, cuando alguien me dice que la vida es dura, sonrío y no digo nada, y solo me acuerdo de ti.

Pero es que hace nueves años un día como hoy, la vida nos enseñó que los planes que hacemos están a merced de ella, y que con un solo estornudo, todo se desbarata y salta por los aires todo lo que creías que iba a pasar.

El mar de la vida se traga tu futuro como si fuera un aperitivo en una tarde de verano; y ahí estás tú, creyendo que mandabas en tu vida, pero de repente, estás solo en el mar, maltrecho en unas tablas que te ha dado ella para que no te ahogues y puedas ser rescatado y volver con tu hijo.

Padre y madre, la verdadera inteligencia es saber adaptarse a las cosas inesperadas. Este es el gran principio de la evolución, por él, el ser humano ha llegado hasta donde ha llegado. Porque sabe reinvertirse, sabe cambiar, y ante circunstancias muy adversas es capaz de reorganizar su mente, sus emociones, sus proyectos, sus metas y por su puesto el único objetivo que no cambia: sacar adelante a nuestros hijos.

Con este objetivo vives. Con este objetivo te levantas a diario sabiendo que nada es fácil y que estás jugando una partida en la que no has elegido tú el tablero.  Una partida en la que por mucho que te cambien las reglas has de tener capacidad para adaptarte a las nuevas y olvidar las antiguas.

La partida solo acaba cuando ves, reconoces y sientes que tu hijo ha salido adelante sea como sea. Mientras tanto has de seguir. Hay días en los que no puedes más, y en esos días es cuando pienso: Hace nueve años, exactamente un día como hoy, la vida me dio un regalo y le estoy agradecido por ello.

Hace nueve años nació mi hijo LUCAS. ¡¡FELICIDADES, pequeño¡¡

Recuerda siempre que te queremos y que eres lo mejor que nos ha pasado.

 

 

Reflexiones de una persona con autismo.