¿Mamá cómo les podemos convencer de que yo necesito amigos como los necesita cualquier niño? ¿Cómo podemos hacerles ver que a lo mejor el cine no es el mejor sitio para mí, pero que sí puedo estar en el patio con todos ellos?

Pero mamá ¿por qué no entienden que si me llamaran una vez, solo una vez, para bajar al patio, yo bajaría sin dudarlo?

¿Cómo puedo hacer para no gritar cuando todos callan y algunos se ríen de mí?  Yo no puedo evitar gritar, quizás ellos no puedan evitar reírse; y en la medida en la que ellos no entienden mis gritos, yo no entiendo sus risas y sus caras de asombro. Creo, mamá, que si no se rieran y se acercaran a mí y me dijeran algo todos nos entenderíamos más y mejor.

Pero ¿por qué nadie me lanza la pelota? Siento como si con el tiempo se hubieran olvidado de mí. Cuando era más pequeño las interacciones eran más, pero con el tiempo todo el tema social ha ido a peor. Yo soy consciente de no facilitar las relaciones, pues siempre estoy solo y corriendo de un lado para otro, pero aunque esta sea mi conducta ¿Creen que realmente me gusta estar solo cuando todos juegan y hablan entre ellos?

Y mamá, otra pregunta que me inquieta cuando un niño me mira con asombro o me pregunta que me pasa y yo no puedo contestar ¿por qué sus padres no intervienen? ¿No notan la tensión de mi padre? ¿No notan vuestro cansancio de decir siempre lo mismo: nuestro hijo es una persona con autismo y no puede hablar? De verdad, mamá, ¿no crees que relajaría mucho más la situación si sus propios padres, de manera amable y educada, se dirigieran a nosotros y habláramos relajadamente de los motivos por los cuales no contesto?

Y voy un paso más allá, mamá, y si realmente esos padres que actúan así, porque afortunadamente hay mucho que obran de otra manera, no son capaces de hablar tranquilos sobre como soy como persona, ¿cómo les voy a pedir que enseñen a sus hijos a que tienen que venir a buscarme para bajar al patio?

Estos que no se acercan, que no me acarician, que no me piden un beso o un abrazo, no se dan cuenta de que hay personas que sí han conseguido llegar hasta mí. Nos ha costado trabajo, pero hemos llegado. Les abrazo, les beso, a mi manera, pero lo hago ¿Los demás no se dan cuenta de que ellos también lo pueden conseguir?

¡Ayyy mamá! ¡Como para pedirles que me inviten a una fiesta de pijamas, a unas vacaciones, a una obra de teatro, a pasear por el retiro y a miles de cosas que me pierdo solo porque la gente ha decidido no hacerlo de manera unilateral!

Y mamá, yo sé que tú me darás argumentos lógicos y razonables para que no sufra, incluso argumentos ciertos y de peso, ante los que tenga que doblegar y asumir que debo estar solo. Pero tengo una pregunta a la que quiero que me respondan, e incluso me arriesgo a que la conteste quien lo desee, y si alguien consigue convencerme con su respuesta prometo que no haré nunca jamás ninguna pregunta de los motivos por los que estoy solo.

Tengo una perra de asistencia, como algunos sabéis, que se llama Quinoa. Quinoa es maravillosa. Es mi amiga, mi fiel compañera. Nos ha enamorado a toda la familia. Nuestro amor por ella es infinito.

Pero alguien me puede explicar ¿por qué los niños han venido a buscar a la perra en tres meses más veces que a mí en toda mi vida?

¿Qué le pasa al ser humano?

 

Reflexiones de una persona con autismo