No quiero ser charco en día de sol,
ni tierra seca cuando llueve.

No quiero ser un emoticono en el móvil de un adolescente,
ni tampoco el niño solo en el patio.

No quiero ser el bar sucio donde el ebrio llora por ser mal padre,
ni tampoco la última chuche que nadie quiere.

No quiero ser gafas con un solo cristal,
ni tampoco un corazón que suspira por latir.

NO quiero ser valiente en tierras lejanas,
ni tampoco un cobarde en la mía.

No quiero ser la pena de los que me dan pena,
ni tampoco la esperanza del viajero que sabe que no hay más trenes.

No quiero ser la mentira del infiel,
ni tampoco la mujer que espera sola en el salón.

No quiero ser motivo de desilusión de nadie,
ni tampoco el argumento de las lágrimas de algunos.

No quiero ser ola sin espuma,
ni tampoco monaguillo sin vocación.

No quiero ser maquillaje de la chica sin novio,
ni las lágrimas del niño que no puede.

No quiero ser montaña sin sol,
ni tampoco el puente que vaya a ningún lugar.

No quiero ser un beso a la nada,
ni tampoco el abrazo que espera el viento.

No quiero ser el perro que abandonan,
ni el gato que busca comida en la basura.

No quiero ser la excusa de ningún beneficio que no me corresponda,
ni tampoco olvidarme de los que están peor que yo.

No quiero crecer en el mundo del silencio,
ni tampoco terminar mis días con gente que no me quiera.

Solo quiero tener las mismas oportunidades que mis iguales y que tú no hagas de mi diferencia la oportunidad para la exclusión.

-Reflexiones de una persona con autismo.

 


Fotografía: David Martín