En esta vida hay cosas que no cuadran,

Un melón que sepa a plátano o el plátano, que se comen los tenistas en mitad de partido, que supiera a cocido.

No, no, no, ¡hay cosas que no cuadran!

Esos chicos que se han dado el primer beso de sus vidas, y dicen que es el peor.

O esa fiesta a la que fuiste y te marchaste pronto a casa porque según tú te lo estabas pasando fenomenal.

No, no, ¡hay cosas que no cuadran!

Decir que te llevas bien con tu ex primer amor, que puedes hablar con él como un buen amigo y cuando llegas a tu cuarto te pones a llorar.

Tomarte un asado con un Fanta de limón Zero o unas gambas de Huelva con una manzanilla, pero de las de infusión.

No, ¡Que no!, ¡Que hay cosas que a mí me chirrían!

Como el calvo que dice que no le importa estar calvo y no tiene pelos en la lengua o como el marinero que dice que el mar se lo ha dado todo y pudiendo vivir al lado de la playa vive en Madrid.

No sé, ¡no me convence!

O como cuando quieres más a tus suegros que a tus padres, o a tus vecinos más que a tus amigos o cuando ya no amaste más que al primer amor que conociste y te dejó en Erasmus.

¡A mí, todo esto me supera!

Cuando te tiras hasta las 9 de la mañana de fiesta y dices: me tomé solo una Coca Cola y dos botellas de agua; o sacas un diez en el examen, y dices: pues solo estudié la tarde de antes.

Es difícil de entender.

Las dietas en las que no pasas hambre o dejar de fumar sin esfuerzo, o tardar en coche de Madrid a Málaga 3 horas.

Llámame raro, pero estas cosas pueden pasar.

¡Pues si me querida amiga! El tiempo nos ha hecho incrédulos en muchas cosas, y muchas veces vamos por la vida sin creernos a nada y a nadie. Y no es cuestión de ser confiado o desconfiado es que simplemente hemos decidido que no nos creemos las cosas que nos cuentan.

¿Nos faltan razón? pues siendo muy gallego ¿depende? a veces sí, y a veces no. A veces habrá cosas a las que tendrás que darle una oportunidad y pensar que han podido ser ciertas, aunque sean inverosímiles, aunque parezcan de otro mundo porque si no te estarán ganando la batalla los prejuicios y la línea de no creerte nada ni a nadie es muy fina para ser una persona intolerante que no integra al diferente y que piensa que SU VERDAD es la única.

Hay que dar oportunidad a los hechos, a las personas, a las acciones, en fin a todo aquello que nos rodea. Nuestro pensamiento, en cuanto a la recepción de los estímulos, debe de tener la suficiente flexibilidad para entender que hay cosas, que por increíbles que parezcan, han podido suceder, y si estamos de verdad convencidos que no ha pasado, no cojamos este hecho como la bandera que guie nuestro comportamiento, simplemente no lo creo, pero ya está́. No establezco a partir de aquí́ principios generales del tipo: toda la gente miente, la gente solo se acerca a mí para contarme milongas, la gente siempre está equivocada.

Defiendo esto, porque la persona que se cree poseedora de la verdad absoluta, habitualmente no integra al diferente, o si lo integra lo hace de una manera muy torpe, y es porque cree que solo hay una forma de hacer las cosas: la suya, y mi querida amiga, en la integración de las personas con autismo, hay miles y millones de formas de hacer las cosas.

Solamente son verdades absolutas aquellas verdades que sirvan para hacer mejor la vida de las personas con TEA y que respeten y no supongan un perjuicio para el resto, lo demás como decía un amigo mío, ¡¡mierda en las tripas!!

 

Reflexiones de una persona con autismo