¿Cómo reparto mi cariño entre uno que reclama el 70% de mi atención y el otro, pobre, que no reclama nada pero que por justicia le corresponde el 50%?

Esta pregunta aunque parezca una perogrullada a los padres de una persona con autismo con hermanos nos preocupa; y nos preocupa, en mi caso, por una serie de razones que alguna de ellas no creo que no tenga solución:

Si dedico mucha atención a mi hijo Lucas, que lo demanda y también lo necesita, seamos sinceros se lo resto a mi otro hijo y este pensamiento planea siempre por la mente de los padres y madres de una persona con autismo que tiene hermanas o hermanos.

Después de debatirme sobre este pensamiento negativo, y que de nuevo brota desde que apareció el autismo en mi vida, me permito darte estas opiniones personales  convencido de que te identificas con alguna, o que alguna de ellas te sirve para aliviar este pensamiento:

Primera idea. Es algo normal y lógico en la evolución de casi todas las especies, salvo raras excepciones que matan a su hijo más débil, el instinto llama a tu puerta y, como madre o padre, te grita fuerte que protejas al más débil de “tu camada”. De esta forma entiendo que lo primero y lo importante es normalizar la cuestión: de forma instintiva, genética y por lo que llevo en el ADN voy a intentar proteger “al que considero más débil” de mis hijos”.

Segunda idea. Sabiendo esto, que es casi humano, natural y genético, hay que racionalizarlo, pasarlo por el filtro de la razón, y sabiendo que darás atención al que más lo necesita nunca descuidar al otro u otra. Es una línea muy gruesa que no debe ser pisada nunca. No debemos olvidar dar atención a todos y cada uno de nuestros hijos e hijas.

Tercera idea. Con los hijos o hijas no se lleva una contabilidad de cariño, ni de atención, ni de amor, ni de cualquier sentimiento, en la que los números han de cuadrar como el balance de una droguería a final de año. Unas veces tendrás que dedicar más atención al más débil y en otras tendrás que apostar por darle las fichas de tu atención al resto de hijos, “olvidando un poco” a la persona que tiene autismo.

Cuarto idea. Es mejor hablar en términos de calidad que de cantidad. Bajo mi punto de vista, no es quizás prestar atención todo el día a tus hijos, si no que el tiempo que puedas dedicarles sea puro y brille con luz propia. En este mundo, que hemos creado entre todos, lo que no sobra es tiempo y por ello es necesario que el poco o mucho que pases con tus hijas o hijos sea de una enorme calidad; que te enfoques en ellos, que si estás jugando, estás jugando; si estás cocinando, estás cocinando; que se apaguen los móviles, se cierren los portátiles y pongas todo tu sistema cognitivo a favor de tus hijos y del momento que estás pasando con ellos.

Quinta idea: Ningún padre o madre, salvo excepciones que no son objeto de este blog y que sinceramente no los queremos entre nosotros, deja de dedicar atención a ninguno de sus hijos a propósito. Puede ser que nos confundamos, eso sí, pues como me dijo una vez mi hermana: ¡¡Qué difícil es la crianza, hermano!! Pero si te confundes lo que hay que hacer es: primero darte cuenta, segundo rectificar y por último perdonarte, porque aquí somos todos humanos y no se libra nadie de poder confundirse. Lo bueno es que ante el error tengamos la capacidad de aprender y de rectificar.

Ninguno de nosotros, me refiero a los que nos ha tocado como compañero de viaje el autismo, queremos hacerlo mal; lo hacemos lo mejor que podemos, sabiendo que el autismo estará con nosotros siempre.

Aquí no hay fórmulas mágicas, solo hay una cosa clara: sacarles adelante.

 

Reflexiones de una persona con autismo