Mira, solo te pido una cosa: que vengas y me cojas en tus brazos y me achuches.

Solo quiero que vengas y me lances ese balón imaginario con el que los niños jugamos nuestros mejores partidos.

Invéntate una guerra de buenos contra más buenos y serás mi jefe e iremos corriendo a conquistar tierras lejanas

Intenta coger mi mano y jugar al corro de la patata mientras tiras risas y sonrisas y me arrancas a mí las mías.

Dame abrazos y besos hasta que te canses y que tus caricias lleguen a un momento en el que sean como aquel caramelo que ya no quiero porque comí demasiados.

Sé cursi conmigo y dime que me vas a enseñar a que huelen las nubes; se maravilloso conmigo y dime que te quedarás un rato más que con el resto.

Ven, vente conmigo al parque a descubrir carreras que no tienen una meta e intenta coger mis besos que el viento llevan hacia a ti, ¡no los dejes escapar!

Llévame a jugar con tu hijos; que lo intenten, que se acerquen, que sus sonrisas sean compañeras de las mías y no cómplices entre ellas.

Dile a la gente que vas conmigo, no te escondas. NO lo necesitas. Nadie jamás necesitó esconderse por ir con un niño.

Grítales que vas a mi lado y que juntos vamos a conquistar una tierra lejana que se llama LA ISLA DE LA INCLUSION.

Mira, yo no quiero ser el niño que coja más caramelos de la piñata pero si quiero coger alguno.

No quiero ser el que más atención se lleve pero sí que mires y me guiñes un ojo cuando te vas.

Enséñame a amar, a desear, a querer, a relacionarme y olvídate de mí para odiar, para criticar, para insultar… para eso no estoy a tu lado.

Verás que solo te pido una cosa, que te acerques, que juegues, que me lleves contigo, que me ayudes a conocerte, que me quieras… En fin que me trates como deberías tratar a todos los niños del mundo.

No quiero más, pero tampoco seas el responsable de darme menos.

 

Reflexiones de una persona con autismo


Fotografía: David Martín