El ser buena persona en nuestro mundo ya está terriblemente adulterado. Creemos que alguien es buena persona porque ayuda a otro a hacer un PowerPoint para un proyecto de Marketing de su empresa que tiene que exponer delante del Director General.

Se dice que buena persona es Mengano porque nos ha dejado el carnet de socio para ver el fútbol. Hoy día afirmamos ¡qué buena persona es! refiriéndonos a alguien que paga todos los meses la comunidad.

Decimos ¡qué buena persona es! aquel que hace su horario y paga el IVA en las facturas. ¡Es un buen hombre, dicen otros, porque ayuda a sus hijos con los deberes y colabora en las tareas del hogar.

¡Eso no es ser una buena persona! Eso es cumplir con tus deberes como persona, como ciudadano. Eso es hacer lo que se espera de alguien que está dentro de los cánones que hemos marcado de normalidad.

Territorios de la bondad es cuando alguien renuncia al 40% de sus ingresos para dárselo a otros y que puedan vivir. Y con ese 40% salvan vidas a costa de vivir ellos peor. Ser buena persona es dedicar tu vida a las personas diferentes y no importarte ni el horario, ni el salario ni otras muchas cosas. Ser una buena persona es estar con tus padres lo máximo posible. Ahí quizás empiezan los territorios de la buena gente.

Y las personas con autismo son buenas personas. Porque el filtro de sus mentes no está lleno de prejuicios, envidias, mentiras y muchas otras cosas que existe en nuestros filtros y que poco a poco van ensuciando nuestra mente y nuestra alma hasta inclinar la balanza a no ser buenas personas.

Las personas con autismo no son así. Mi hijo, si te abraza, no espera nada a cambio. Si te lo da, te lo da. Es difícil. Pero una vez que te lo da, ese abrazo está desnudo de cualquier cosa mala que pudieras creer.

Sus besos o imitaciones de besos, son transparentes y cuando por fin consigue tocarte la cara, como si la acariciara, es una caricia buena, limpia, no está manchada ni adulterada por nada.

He visto comportamientos en personas con autismo que no entran dentro de lo que consideramos normal. Comportamientos extraños y dignos de observar; pero ahí me quedo, simplemente comportamientos fuera de lo normal. Jamás he visto un comportamiento cargado de maldad como lo he visto en nosotros los normales.

Los normales en esto de generar conductas con cierta dosis de maldad les ganamos por goleada. Deberíamos aprender mucho de ellos en este sentido y observarles e imitarles para entender cómo se puede ir a un abrazo o un beso sin ningún filtro manchado en tu mente.

Besos y abrazos para todos de parte de mi hijo Lucas, prefiero que sea él el que os los de pues están limpios.

Reflexiones de una persona con autismo

 


Fotografía: David Martín