Jajajaja y ¿Vosotros me llamáis a mi diferente?

¡¡Vosotros que montáis una guerra por unas armas químicas que luego no encontráis!!

¡¡Vosotros que no sois capaces de terminar un boli Bic verde!!

Jajajajaja, pero ¿vosotros que sufrís porque el vecino tiene un carro mejor que el vuestro?

Vosotros que os tomáis la cerveza caliente y que defendéis que las bravas no tienen que picar.

Jajajajaja, pero ¿vosotros me dais la espalda?

Vosotros que os dejáis la vida por un dos por ciento menos de IRPF.

Vosotros que habéis hecho de la ayuda al compañero de trabajo una leyenda del pasado.

Jajajajaja, pero ¿vosotros os atrevéis hablar de mí?

Vosotros que en cuanto uno se va al servicio le ponéis a escurrir.

Vosotros que si podéis os vais sin pagar.

Jajajajaja, pero ¿vosotros que pensáis de mí?

Vosotros que pensabais vivir y de tanto pensar no vivisteis.

Vosotros que creáis pensamientos y edificáis así la justificación de vuestras mierdas hacia los demás.

Jajajajaja ¿Qué os extraña de mí?

Vosotros que si alguien no piensa ni dice lo mismo que vosotros ya es un extraño.

Vosotros que os encanta desayunar leche con intolerancia y merendar galletas con faltas de respeto a los demás.

Jajajajaja ¿Qué os da miedo de mí?

Vosotros que dejáis morir a sujetos de vuestra misma especie en el mar para que no vengan a vuestra vida no vaya a ser que hagan tambalear vuestro estado del bienestar.

Vosotros si que dais miedo, que abandonáis a animales en carreteras solitarias porque ya no es Navidad.

Las risas descontextualizadas es uno de los síntomas del autismo que golpean a mi hijo Lucas. Es una risa nerviosa que como su propio nombre indica no está dentro de un contexto que nosotros entendemos como normal; no hay cosquillas, ni una broma, ni caricias, son risas un poco frenéticas y que no entiendes su origen ni su motivo. Al principio, esas risas nos daban a mi mujer y a mi bastante pena, pues quizás eran la constatación de un hecho a través de una risa que rallaba la locura. Al día de hoy hemos aprendido a reír con él y cuando vienen esas risas, nos reímos toda la familia dándole contexto a sus risas y aliviando nuestro dolor.

El cerebro humano no puede sentir dos cosas a la vez: por eso si te ríes es difícil que estés triste.

En serio, ríete un poco más que no te vas a arrepentir.

 

Reflexiones de una persona con autismo


Fotografía: David Martin