Veo a diario los esfuerzos que haces por jugar con él y me llego a estremecer.

Me doy cuenta de cómo una y otra vez repites buscarle cuando él sale corriendo y huye de tus abrazos. Veo cómo te ríes en lo que se parece a jugar pero que realmente no lo es. Te observo y veo que ofreces la mejor versión de ti mismo cuando estás a su lado.

Cuando él la monta, que desgraciadamente es bastante a menudo, el primero que apareces eres tú gritando: papá que el hermano la ha liado parda. Y todo lo rápido que puedes apareces con una fregona si ha tirado el agua, con un trapo si ha tirado todo el plato de sopa o con el botiquín si se ha lesionado. Ayer sin ir más lejos se cortó en un pie porque había tirado una botella de cristal y fuiste tú el que taponaste su herida con una gasa hasta que dejó de sangrar.

Jamás has echado en cara a nadie que presten más atención a tu hermano que a ti. Jamás has mostrado celos de un hermano que requiere nuestro tiempo y esfuerzo. Y que dárselo a él supone quitártelo a ti.

Me parece majestuoso como le animas y como me dices papá que listo es el hermano simplemente porque haya cerrado la puerta del microondas.

Nos das a los adultos una lección de vida magistral. Con tan solo diez años demuestras una madurez que nos falta a muchos de los adultos que te rodeamos. Eres un ejemplo perfecto de integración y de amor a una persona diferente. Te haces enorme porque desde que te levantas hasta que te acuestas no haces otra cosa que acercar mundos diferentes. Eres simplemente un amor de niño con un corazón enorme.

Es muy complicado ser hermano de una persona con autismo. Y lo es porque tienes que renunciar a una serie de cosas que si existiera justicia no deberías pasar por ellas. No debería pasar que un niño de diez años no pueda jugar con su hermano. Que no pueda besarle. Que sea su segundo padre a una edad tan temprana. Que su hermano sea el ojito derecho de unos padres que lo único que hacen es proteger al más débil. En fin, y cientos de cosas a las que no deberías renunciar a tan temprana edad. Sin embargo lo haces. Y lo haces regalando sonrisas y abrazos, pues has encontrado en el cariño al prójimo el mejor arma para desarmar a cualquiera.

Eres un ser humano maravilloso. Y aun sabiendo que no soy objetivo, pues eres mi hijo, intento analizar tu comportamiento separándome de nuestra relación, como lo hace el artista del cuadro que pinta, y siempre llego a la misma conclusión: eres una persona que solo en diez años has conseguido lo que no consiguen otros en muchas décadas. Por ello no me queda otra que agradecerte cómo eres y abrazarte hasta que me canse, pues sin ti este camino sería insoportable.

Te quiero Hugo y recuerda que somos los guardianes perfectos de Lucas que es una persona con autismo.

-Reflexiones de una persona con autismo.

 


Fotografía: David Martín