Siempre me dio miedo la oscuridad y los ojos acompañados de una sonrisa hechos en una calabaza.

Me dio mucho miedo que la gente se disfrazara con cuchillos y con caretas terroríficas. Pero el miedo se me quitó a base de chuches.

Me dieron miedo las películas de miedo, del mismo modo que me dieron risa las películas de risa.

Pero realmente lo que me da miedo es el ser humano y la complejidad de sus comportamientos.

Os estuve esperando, pero no vinisteis. Sí, sí, os hablo a vosotros, a los que alguna vez le habéis dicho a mis padres, ¡qué pena! que solo debe de estar Lucas. Pobrecito, si no le gusta nada se debe de aburrir mucho.

Pues os estuve esperando y no vinisteis a buscarme para coger chuches y el problema es que si no venís para una cosa tan bonita para un niño como coger chuces ¿para qué vendréis a buscarme?

Este es precisamente uno de los errores más grandes que cometemos con las personas con autismo. Es como si a medida que mi hijo se va haciendo mayor, ya nadie le viene a buscar por Halloween, ni le invita a cumpleaños, ni nadie le invita al cine, como al resto de amigos.

Es como si el autismo se fuera haciendo mayor y fuera asustando a la gente; y de repente un día te das cuenta que ya nadie piensa en llamar a Lucas; ves como una realidad asquerosa y oscura te chilla al oído: ¡Lucas se ha quedado solo! Ves que sus padres y su hermano somos los que realmente estamos con él y le llevamos a todas partes.

Sinceramente, pienso que esto es realmente la gran injusticia que se comete con las personas con autismo: el OLVIDO. Poco a poco el olvido se va sentando en el salón de tu casa, coge las zapatillas y abre una bolsa de palomitas para ver su película favorita.

Evidentemente Lucas no puede ir solo con un grupo de niños tocando puertas y reclamando caramelos por ser el día de Halloween, pero el que se esconda detrás de ese argumento para no llamar a mi hijo es un mediocre a la hora de orquestar su defensa. ¡Pues claro que Lucas no va a ir solo! Va a ir conmigo, y yo iré con él y con todos los niños tocando puertas y reclamando las chuches que tanto le gustan.

Pero sabes ¿Qué pasó? ¿Qué ha sido Halloween y nadie ha venido a buscarle?

A mi hijo mayor que solo tiene un año y medio más sí vinieron a buscarle. Lo comprendo, porque la amistad es un proceso bidireccional que si no se cuida el amigo te olvida, pero hay una salvedad y hablamos de la amistad con personas con autismo. Mi hijo no te puede corresponder con la mismas funciones que una persona normotípica,(serán otras pero no las mismas)  no le puedes exigir eso porque no lo puede hacer. Es como si yo, para que fueras amigo, te pidiera que trajeras a Beyonce a mi fiesta de cumpleaños y si no lo hicieras no te llamase más. El argumento de simple que es, es idiota. A mi hijo tienes que ser tú el que des más en la amistad que él, porque hay cosas que no puede hacer. Si le pides lo mismo que al resto le condenas a la soledad y a que siga pasando los Halloween solo.

Ningún niño tendría que estar solo en Halloween comiéndose los caramelos que le ha guardado su padre.

Créeme, prefiero esto mil veces a que Beyonce venga a mi cumpleaños. Inténtalo, ven a buscar a mi hijo y juntos iremos por los portales a decir ¿Truco o Trato? O si no arriésgate a que te vea un día por la calle y te diga ¿Integración o exclusión de las personas con autismo?

Reflexiones de una persona con autismo