A veces me tratas con un cerrojo oxidado

que no consigues deslizar para abrir la puerta de mi silencio,

pero yo no tengo la culpa.

 

Soy nube solitaria que no trae lluvia, pero que a veces

tapa el sol de tu paciencia, y que camina por un cielo

que yo me he inventado.

 

A veces me tratas como la aceituna que nadie quiere

y que no comprende porqué se queda sola en el plato,

sin bastarle como argumento que sea la última de sus compañeras.

 

Soy río en el que no se baña nadie por miedo a ahogarse,

pero que, cuando a ti te apetece, te gusta presumir

del agua tan limpia y transparente que traigo.

 

A veces me tratas como el pesado de la barra de aquel bar

que bebió más de la cuenta y que sus frases no eran producto

del alcohol si no de un amor que le dejó en las puertas de aquel garito.

 

Soy una noche fresca en verano, y calentita en invierno

pero tú no quieres dormir a mi lado, porque no entiendes

mis movimientos sin premeditación ni alevosía

 

A veces me tratas como el último de la fila,

esperando que avance puestos para llegar a ser el primero

y darme una medalla que solo te importa a ti.

 

Soy helado de verano y sopa de invierno,

no sé dar abrazos ni besar, pero tampoco ser malo

sin embargo cuando llamas a todos para jugar me condenas al salón de mi casa.

 

A veces me tratas como si hubieras visto a un ser que no es igual que los demás,

pones caras raras y comentas, en bajito, el aleteo de mis manos

y no soportas que pueda tumbarme cuando estoy cansado y desnudarme cuando tengo calor.

 

Soy el recuerdo de aquella chica que dejaste y luego te diste cuenta

que era el amor de tú vida. Y ahora lloras por lo que hiciste y por lo que harás

Y así pasa el tiempo, sin darte cuenta de lo que haces.

 

A veces me tratas distinto. Ni lo quiero, ni está bien. Simplemente pido justicia en el trato, sin que te importe mi diferencia ni mi condición. ¿Es tan difícil? Yo lo hago, yo no diferencio ¿y tú?

 

Reflexiones de una persona con autismo