¡¿Pero a ti quién te ha dicho que estás mal!? Estás mal porque las porras están frías o porque se te acabado la batería del móvil y no podrás mirar los mensajes mientras tomas algo con tu amigo.

¿Pero a ti quién te ha dicho que estás mal? ¿Estás mal porque no haces todas las actividades que tú mismo has puesto en tu agenda, que es la comida favorita de tu estrés?

¿Pero a ti quién te ha dicho que estás mal? Cuando lo que te está matando es ir a un trabajo que no quieres y la solución está  en tu mano.

Estar mal es tener una enfermedad y que no se acuerden de ti los que creías tus amigos. Estar mal es intentar hablar, como hace mi hijo, y no poder hacerlo. Estar mal es verbalizar que para qué quieres seguir viviendo y que la solución sería saltar por un puente.

En el mundo occidental hemos conseguido darle una vuelta de tuerca a los conceptos creando personas desgraciadas e infelices, cuando realmente sus problemas son menos importantes que aparcar en el nuevo Wanda.

El sufrimiento humano lo hemos convertido en una chuche de un chino a la que todo el mundo tiene acceso y mientras nos calentamos la cabeza con bajar de 51 minutos en un diez mil, hay gente en el otro extremo del mundo que si no lo hace no bebe ese día

Si sabes gestionar la diferencia entre lo que esperas de la vida y lo que realmente es, no estarás mal y se acabarán muchas de las tonterías que pasan por tu cabeza.

¿Pero a ti quién te ha dicho que estás mal? Mañana cuando te levantes piensa en esta pregunta y verás como tú día es un poquito mejor, y si vas desde primera hora de la mañana con este pensamiento verás como las porras no están frías.

Reflexiones de una persona con autismo