SÓLO QUIERO HACER DEPORTE,

AYUDAME…

Estamos los dos solos, aquí sentados, querida sociedad.

Ya sabes que soy una persona con autismo y no es el momento de reproches ni de echarte en cara la cantidad de promesas que has incumplido. Yo entiendo mi diferencia e incluso soy consciente de ella, pero tú no…

Perdona, lo siento no quiero reproches…
¡Estamos los dos solos!
Cuéntame motivos para no dejarme que toque la cima de mis posibilidades.

¿Qué miedo tienes? No me vengas con la usada y manida frase: de no tengo recursos. Si no los hay, búscalos. Lo hiciste para otros. ¿Tan difícil es entender que nos necesitamos el uno al otro? Si cierras la grieta de mi diferencia en vez de agrandarla, te irás convirtiendo en fuerte y justa. Necesitas cuidar de mí, no puedes ni debes eludir esta responsabilidad.

Pero, ¡¡mírame a los ojos!! No mires para otro lado. ¿Por qué no me dejas notar el aire en mi cara? ¿Qué motivos tienes para no dejarme sentirme como el resto de niños, que cabalgan a lomos de sus caballos blancos, gritando que son normales? ¿Sabes de qué te hablo? ¿Por qué no facilitas que también yo pueda cabalgar y poder gritar que soy diferente? ¿A qué juegas? ¿Por qué no me ayudas a ver un atardecer en el parque mientras mis pies vuelan sin tocar el suelo?

¿Pero qué te he hecho para que no pongas todos los medios necesarios para que la lluvia pueda acompañarme en mi viaje matutino con mi padre?

Te pido, por favor, que hagas algo. Es una cuestión de justicia social, y cuando te vomito la verdad sólo sabes mirar al suelo y seguir haciendo promesas que son simplemente brindis al sol.

¡¡No me vengas con el cuento de la política, las normas, los decretos!! Si quieres puedes. Y si no, dímelo a mí que no hablo y soy capaz de comunicarme. Estás delante de un luchador que solo te exige que le des las mismas armas que al resto para que en la batalla de cada día no me vaya con más heridas que las necesarias o las mismas que cualquier otro niño al que tú has decidido categorizar de normal.

¡¡¡Solamente quiero MONTAR EN BICICLETA Y HACER DEPORTE COMO CUALQUIERA!!!

No olvides que aunque me pongas trabas, un día cabalgaré a lomos de mi bici. ¡No es una amenaza!, es una promesa. Un día cabalgaré al lado de mi padre y mis manos seguirán intentando coger mariposas que no existen para ti, pero que para mí son reales.

Y ese día de nuevo nos sentaremos los dos solos y por fin podrás mirarme a los ojos y decirme que conseguiste mi integración. Ese día, querida sociedad, serás fuerte y sana. Hazme caso, querida sociedad.

Reflexiones de un autista