Yo no elegí ser rueda de bici sin radios, ni ciclista del Tour que no quiere ganar.

Yo jamás elegí ser un niño que no durmiera por las noches y que no pudiera decirles a mis padres lo mucho que les quiero.

Tú crees de verdad ¿qué se puede elegir llevar pañal con 8 años? ¿Alguien elegiría no tener amigos y salir solo al parque a tirar piedras cuando los demás niños juegan todos juntos?

¡Pues claro que no elegí nunca no poder dar besos, y no saber abrazar! ¿Tú elegirías no poder besar a la mujer de tu vida?

Es lo que me tocaba vivir, yo nunca fui el que decidió que si venía un amigo a verme no le iba a mirar, ni tampoco que nunca iba a decirle hola a mi amigo de la guardería.

Creer que fue decisión mía, reírme cuando no toca, llorar y no poder explicarlo, encender luces sin ton ni son, no aguantar ni la ropa ni los zapatos… es de ser un verdadero ignorante.

¡Claro que jamás dije que lo que yo quería era caminar hacia ninguna parte, huir de mis padres y aletear mis manos como si mi vida estuviera llena de humo negro y sucio!

¿Piensas por algún motivo especial que me gusta levantarme a las 2h30’ de la madrugada, no volverme a dormir y conseguir de esta manera volver locos a lo que más quiero en esta vida, que es mi familia?

¡En que cabeza humana cabe que yo fuera el atrevido a elegir que no me da miedo cruzar una carretera sin mirar, tirarme a una piscina sin saber nadar, o acercarme a un precipicio a coger flores!

Amigo, yo no elegí nada.

¿Me tocó?, ¿me lo envió Dios?, ¿fue la genética?, ¿tuve mala suerte?… Pero, y ¿qué más da? Y si por ejemplo, fue la genética, ¿qué gano sabiéndolo? sabes lo que gano, nada. Por lo tanto, nunca voy a preocuparme por una pregunta que sabiendo su respuesta no gano nada.

Lo único claro de ser una persona con TEA es que NO FUE MI DECISIÓN. NO TUVE POSIBILIDAD DE ELEGIR.

Y te preguntarás ¿Y a dónde quieres llegar con esta reflexión? Pues a que tú sí puedes decidir si me incluyes y me ayudas. Es una cuestión de Posibilidad. Yo no tuve ninguna. Yo nací así. Pero tú si tienes la posibilidad de incluirme en una sociedad, que a veces me discrimina por no ser “normal” y toma mi diferencia como justificación para su olvido.

Yo no tuve la posibilidad de que nadie me tendiera una mano a la hora de nacer PERSONA CON TEA. Pero tú sí tienes la posibilidad de elegir entre tender una mano o mirar para otro lado. Tú tienes la posibilidad de acercarme a la inclusión y alejarme de la exclusión. Tú tienes la posibilidad de etiquetarme, o luchar porque se reconozcan mis derechos y deberes como a las demás personas. Los mismos. Ni más ni menos.

Tú si tienes esa posibilidad, y cuando se tiene la posibilidad, se puede debatir, convencer, dialogar, luchar, renunciar, apostar y muchas cosas más; sin embargo, cuando no tienes posibilidad, cuando no hay opción, solo queda una: asumir y luchar por hacer tu mejor papel en la película de la vida.

TÚ tienes la posibilidad, YO no la tuve.

Reflexiones de una persona con autismo

 


Fotografía: David Martín