¿Qué hacer en caso de atragantamiento de nuestros hijos con autismo?

 

Las personas con autismo tienen “tres veces” más posibilidades de atragantarse que las demás personas.

Tres veces, tres, tres te quise, y tres te querré.

Si sacas un tres en un examen has suspendido, pero si multiplicas ese tres por otro tres serás un tío sobresaliente.

Tres veces negaron a Cristo, y tres veces me dijo a mí mi mujer que SI a casarse conmigo.

Si a un tres le das la vuelta parece una M, que es la letra con la que empieza la palabra con la que defino a las personas con autismo: Maravillosas.

Ole por aquellas parejas que hacen  tres veces el amor al día, de ellas será el Reino del amor.

Si me odias, te equivocas, si no me ayudas también, y si te acercas te quito una cosa y la otra, con tres besos sabor a mantequilla con azúcar.

Tres eran los Mosqueteros, y tres son los principios de mi lucha: Fuerza, Constancia y Perserverancia.

Los menús tienen dos platos y el tercero es un postre, sinónimo de fin con sabor dulce de una buena comida.

Más de dos dicen que es multitud, pero para mi ser tres es impar.

Tres son los hijos que les gustaría tener a muchas personas y se quedan en dos por no poder mantener al tercero en un mundo donde importa más el dinero que la familia.

Tres hijos son familia numerosa, con dos también te dan este título si tu hijo es una persona con discapacidad.

Las personas que creen en el poli amor defienden que se puede ser feliz siendo una pareja de tres.

Tres veces, tres, tres quise y tres te querré.

 

Y nunca tuve nada contra el tres, me pareció un número simplón y sin fuerza, pues si nadie se acuerda del subcampeón, del tercero solo se acuerdan sus padres. A pesar de eso, nunca le di importancia hasta que ha caído en mis manos un artículo que me ha desgarrado un poquito por dentro.

Una de las mayores preocupaciones de los padres de hijos con autismo es su seguridad y su esperanza de vida. Cuando diagnostican a tu hijo de autismo, una de las cosas que seguramente harás será buscar en Internet ¿qué probabilidad tiene tu hijo de morir antes que el resto?

Sé que el tema es muy duro, pues hablar de la muerte y más de la “posible muerte” de nuestros hijos es un tema como mínimo complicado. Aún así, he decidido tocar este tema pues conociendo los siguientes datos, podemos informarnos para que no suceda.

  • Una de las mayores causas de la mortalidad de las personas con autismo son los accidentes.
  • Las personas con autismo fallecen por atragantamiento tres veces más que las personas sin autismoen algunas franjas de edad.

 

No estamos hablando de una, ni del doble, si no de tres veces más. Y eso es mucho.

Por este motivo debemos  tener simples conocimientos sobre qué hacer en el caso de que nuestros hijos puedan atragantarse. Parece algo simple y que nunca va a pasar, pero la gente muere porque se atraganta. Así de sencillo. Las urgencias médicas no llegan a tiempo, y la persona muere por un trozo de carne, un globo, una palomita en caso de los niños, y un largo etcétera de cosas simples que pueden hacer que la vida se convierta a partir de ese momento en lo peor que te ha pasado.

 

MI EXPERIENCIA PERSONAL CON LUCAS

En nuestro caso, con nuestro hijo Lucas, tenemos un problema. NO lo negaré, también ha sido este el motivo de escribir este artículo. Mi hijo hasta hace un año se metía en la boca cualquier cosa pequeña que pudiera encontrar tanto en casa como en la calle. Hablo de piedras, monedas, comida del suelo, plantas, papel, juguetes pequeños y un largo número de cosas que le hemos conseguido siempre sacar de la boca antes de que se las tragase.

Como digo, hasta hace un año, disfrutaba mucho de tenerlas en la boca, de jugar con ellas, quizá de su sabor metálico en el caso de las monedas. Hasta hace más o menos un año, teníamos una cierta seguridad de que no disfrutaba de tragar las cosas, sin embargo, todo giró hacia peor cuando un día descubrimos que después de hacer caca, había en el baño dos monedas de dos euros.

Había dado el paso de empezar a tragarse cualquier cosa. A partir de este momento empezamos a observar sus deposiciones, y efectivamente llegamos aterrorizados a la conclusión de que ahora ya no solo jugaba con las cosas, si no que se las tragaba. Hemos descubierto en sus heces, uvas enteras, monedas, y hace dos semanas, dos globos enteros. Si, si, globos, de los de jugar. Le compramos una bolsa de globos porque es una de las pocas cosas que le divierten. No tuvimos en cuenta la posibilidad  de que se los tragase, y se los comió. ¡Enteros! ¡Dos globos enteros!

Lo peor de todo es que hemos descubierto, aterrorizados, que se mete “prácticamente todo” en la boca. Cuando al principio eran monedas la solución era sencilla: no tener en casa ninguna moneda a su alcance. Nunca dejar en los muebles monedas que él pudiera coger. En fin, cuando eran solo monedas teníamos algo de control sobre la situación. Ahora, la misma se nos hace un poco ingobernable. 😲😲😲😲

Porque por mucho que vigiles y por mucho que estés pendiente, el día tiene muchas horas, es muy largo y mi hijo al final se termina metiendo algo en la boca.

En estos 9 años de vida, mi hijo ha tenido dos episodios serios de atragantamiento. El primero con un trozo de pollo que se metió entero cuando comíamos en un restaurante, y el segundo con un Chupa Chupsque se comió entero.

En el primerotuvimos la suerte de que había un médico que en seguida nos ayudó y terminó vomitando el trozo de pollo. En el segundocaso, él solo consiguió salir de la asfixia. Pero evidentemente creo que han sido dos de los peores momentos de mi vida.

Daría mi vida para que no le pasara nunca a mi hijo, y deseo de todo corazón que no le pase al tuyo, pero por si sucediera, es conveniente que tengamos unas nociones básicas de la maniobra de Heimlich. Son unos pasos sencillos que nos pueden servir para en un momento que puede ser muy trágico sepamos salir adelante

¿QUE HACER EN CASO DE OBSTRUCCION TOTAL?

La víctima no emite sonido alguno, pero está consciente

En este caso se llevará a cabo la Maniobra de Heimlich, que consiste en compresiones que intentarán sacar el objeto asfixiante y desbloquear la salida y entrada de aire.

La técnica para realizarla es la siguiente:

  • Colócate detrás de la persona estando tú de pie.
  • Pon tus brazos alrededor de la cintura: la mano derecha en forma de puño cerrado en la parte superior del abdomen de la persona afectada (a la altura de la boca del estómago, donde se unen las costillas), y la mano izquierda tomando el puño, rodeando con los brazos la base del tórax.
  • Comprime el abdomen brusca y fuertemente hacia arriba con ambas manos.
  • Suspende la compresión.
  • Repite la maniobra las veces que sea necesario hasta que la persona expulse el cuerpo extrañode su garganta o pierda el conocimiento.
  • Si pierde el conocimiento, pide ayuda inmediatamente al teléfono de emergencias comunicando breve y claramente lo sucedido.
  • En niños mayores de un año se utiliza el mismo procedimiento anterior, pero el puño se coloca sobre el ombligo del niño con el lado del pulgar hacia el abdomen.
  • Si una persona está sola y sufre de ahogamiento por objetos que obstruyen la vía respiratoria (tráquea), se puede utilizar la Maniobra Heimlich en uno mismo, clavando o posicionando el peso del cuerpo en el respaldo de una silla, de esta forma la presión dentro del pecho es incrementada rápidamente, forzando al objeto a salir fuera de la vía respiratoria.

 

FUENTE: https://www.webconsultas.com/primeros-auxilios/atragantamiento/que-hacer-ante-un-atragantamiento,  revista Salud y Bienestar.

Espero que nunca te suceda, pero si estuvieras en esa situación, saber qué tienes que hacer puede salvar una vida: la de tu hijo o hija.

 

Reflexiones de una persona con autismo

350.000 personas necesitan nuestra ayuda

350.000 personas necesitan nuestra ayuda

Tengo 350.000 razones para seguir adelante, y para levantarme aunque me caiga. Creo que son razones suficientes para no arrojar la toalla y seguir despertándome con una sonrisa, aunque haya días que las lágrimas ganen la batalla.

Hay 350.000 cosas que hoy en día mueven mi mundo. Poco me importa ya si se venden más o menos pólizas en Andalucía que en Madrid. Ahora me interesan mucho más los besos que dan los andaluces, y si abrazan un poco más los que no pueden.

350.000 motivos por los que pelear y luchar en una vida, que nunca se lo puso fácil a nuestra especie. El entorno siempre fue cruel y no entendió nunca de ser compasivo con nadie. Ejecutó sus ritmos y le importó un carajo las consecuencias en el ser humano. Pero si tienes 350.000 razones para adaptarte al entorno, lo haces.

Son 350.000 que forman un mundo diferente al nuestro, y que no tenemos más remedio que incluirlos, porque también el ser humano se caracterizó siempre por su enorme solidaridad y por la ayuda al que se veía más débil. Desde que el hombre tomó conciencia y empezó a pensar, reguló las leyes de la naturaleza donde el menos rápido y menos fuerte moría. El pensamiento nos hizo humanos, y detrás de esa palabra nos enseñó a tender la mano al que no podía sobrevivir por si mismo, y de esta manera se empezó a vivir en sociedad, basándose en el gran principio de la SOLIDARIDAD y la ayuda a los demás.

Y cuando 350.000 personas necesitan nuestra ayuda, es el momento de ofrecérsela. Cuando 350.000 de nosotros son más débiles y corren menos que nosotros, es momento de tender una mano, e intentar incluirles. Además opino que la verdadera ayuda al prójimo empieza por tu círculo más cercano.

Por ese becario nuevo que llega a tu trabajo y necesita que le invites a un café, pues ve monstruos con los que no podrá. Por ese amigo que se metió en un chalet en la crisis, y ahora necesita 50 € para llegar a final de mes.

Siempre he defendido que la sociedad y la humanidad de todos nosotros se construye en las pequeñas cosas, en los pequeños gestos. Para los grandes hay unos pocos privilegiados, y para el resto de nosotros están los pequeños detalles.

Tampoco puedo ahora pedirte que enarboles la bandera del autismo porque a mí me ha tocado. No soy tan egoísta ni olvido tan pronto. Si mi hijo no fuera una persona con autismo, quizás nunca yo hubiera ayudado a la causa de la inclusión de las personas con autismo. Pero lo que sí hice, dentro de mis posibilidades, fue ayudar al más débil. Siempre intenté echar una mano cuando alguien lo necesitaba, ya fuera a mi vecina con las bolsas de la compra, o a recoger revistas para un amigo. Y eso es lo que te pido, que en tu pequeño círculo, vayas así por la vida: ayudando. Ya no recuerdo quien dijo: sólo hay una manera de ser feliz, y es ayudando a los demás… desde luego no le faltaba razón.

En España hay 350.000 personas con autismo. 350.000 personas que necesitan que les echemos una mano, y que las incluyamos. Igual que está el TEA, está el síndrome de Down, los niños con SIDA, los niños con cáncer, personas en extrema pobreza, y un sin fin de personas en exclusión social, o al límite para estarlo. Ayuda a cualquiera de ellos. La solidaridad y la ayuda no son patrimonio de nadie, ni tienen una causa única.

Si te enfocas en echar una mano al más débil y al que menos corre, verás que tu vida adquiere una nueva dimensión que antes no tenía, y a la cual solo se llega echando una mano a los demás.

Reflexiones de una persona con autismo

 


Fotografía: David Martín

 

Las personas con autismo sienten alegría

Las personas con autismo sienten alegría

Me he dado cuenta de que la alegría más auténtica viene y está en los pequeños detalles.

Es cierto que hay personas que son más proclives a estar alegres. Búscalas y pégate a ellas. Como decía mi abuelo para estar al lado de un triste siempre hay tiempo.

¡La alegría se contagia! Es un virus muy contagioso que se expande a las personas que tienes al lado. Cada día al levantarte tienes dos opciones: alegrarle la vida a alguien y así te alegrarás tú también o quitarle y robarle la alegría a quien te cruces. Esta decisión es tuya y es personal e intransferible.

Siempre hay que tener respeto por las decisiones de nuestros semejantes, siempre y cuando esa decisión no repercuta de manera negativa en otro sujeto. Convertirte en un “ladrón de alegría ajena” es un mal rol, porque cada vez que le robes la alegría a alguien disminuirá la tuya; pues tu alegría sólo crece cuando aumentas la alegría de otro no cuando se la robas. Funciona así.

Una vez hecha esta puntualización, el enfoque que se le debe dar a la alegría en el mundo del autismo debe de ser diferente, como otras muchas cosas en este mundo. No se debe pretender buscar esta emoción con los mismos principios que funciona con personas sin autismo.

En el autismo tienes que prestar mucha atención a los pequeños detalles y a los avances pequeños que haga tu ser querido que es una persona con autismo. La alegría la encontrarás cuando te de la mano o cuando te acerque su cabecita para que le des un beso. Cuando simule un abrazo o cuando fije su mirada en ti aunque sea unos segundos.

Si buscas la alegría esperando a que marque un gol en la final del campeonato de futbol sala de su colegio no la conseguirás nunca. El autismo no funciona así. Te da momentos de alegría, efímeros, pequeños, ante los cuales tienes que estar muy atento pues si no te los perderás.

Y la persona con autismo ¿siente alegría? SI, siempre SI.

Hay que tener en cuenta que las personas con autismo no tienen filtros ni prejuicios, se muestran tal y como son. Los puedes ver alegres por su comunicación no verbal, por sus sonrisas, por su estado de ánimo.

Recuerda que la diferencia entre la emoción y el estado de ánimo es la duración de los mismos: la emoción se exterioriza durante poco tiempo y es simplemente una alarma positiva o negativa de tu mundo emocional. Por el contrario el estado de ánimo se alarga en el tiempo. Y las personas con autismo ¡claro que tienen y expresan emociones y estados de ánimo! a pesar de no expresarlos como lo hacemos nosotros.

Por supuesto que están o no alegres; y si observas bien, lo verás con claridad.

También es vital saber detectar aquellas cosas que le hacen sentir alegría a una persona con autismo. No es sencillo, pues intentamos buscarlas desde la perspectiva de la “normalidad”, de lo típico, de aquello a lo que estamos acostumbrados.

A mi hijo Lucas, le da igual que le regales la Play 4, el ordenador último modelo o el iphone de más alta gama. Sin embargo, se alegra si le haces cosquillas o si le das un baño y te quedas con él cogiéndole de la mano.

Debes de prestar atención a como alegrar el día a una persona con autismo pues sus parámetros para estar alegres no son los mismos que funcionan con todo el mundo. Mi familia, padres, suegros, tíos, se aburrieron de regalarle todo tipo de juguetes: luminosos, sonoros, bicicletas, peluches, juegos de construcción… y a ninguno de ellos les hizo caso.

Para mi hijo es alegre la sencillez de los gestos que tienes con él. Cambiaría un donut de chocolate por todas sus posesiones, a las que además no da importancia; este último detalle es una de las cosas más bonitas que yo he detectado en mi hijo:

NO tiene apego a lo material.

NO tiene esa necesidad imperiosa que tenemos nosotros de poseer más
y más cosas cada día.

Ellos no son así, quieren otro tipo de cosas que les hace enormes a la luz de nuestra normalidad; se alegran si están contigo, si siguen su rutina, si tienen esa caja rota de papá que hace un ruido determinado y que llevan tirando años en el mismo lugar del baño… muchos de nosotros daríamos media vida por no tener este deseo constante de la posesión material, en el cual sabemos que no radica la felicidad.

Y por supuesto, sienten tristeza, ira, miedo, amor y todo el compendio del mundo emocional que tiene el ser humano. No juegues nunca al juego estúpido de creer que no tienen emociones, pues estarás cometiendo uno de los más grandes errores que se pueden cometer con una persona con autismo.

La existencia de la emociones no sólo se demuestra con los patrones que socialmente nos han enseñado, hay otras maneras, iguales e incluso mejores que las que tiene la gran mayoría.

Una persona con autismo te puede enseñar a comprender y entender las emociones desde otra perspectiva, a la que nunca llegarías si no fuera por ella. No dejes pasar esta gran oportunidad de crecimiento.

-Reflexiones de una persona con autismo.

 


Fotografía: David Martín

 

Son las tierras de la no inclusión

Son las tierras de la no inclusión

Hay una tierra baldía donde las madres lloran lágrimas de sangre.
Las plantas no crecen y los árboles nunca tienen hojas pues siempre es otoño.
Existe un espacio en el que los niños juegan solos y cuentan piedras blancas creyendo que son golosinas que cayeron del cielo.
En ese lugar, los lagos están secos y los peces mueren en el barro de la decepción y la desesperación.

No muere nadie, porque morir es nacer en aquel paraje. Lo gobierna la tormenta y la furia del mar.
La noche es eterna y el sol nunca va, ni en vacaciones.
En aquel lugar, los sentimientos visten de negro y la esperanza siempre es lo primero que se pierde.
Sus playas están llenas de aceite y los náufragos pasan de largo.

Los amigos nunca llaman y al cine solo van “los normales”.
Los columpios son para aquellos que los construyeron y el “no compartir” es el padre nuestro que se reza en sus iglesias.
En esas tierras pegaron al amor y a la amistad la emborracharon.
Y luego dijeron, los normales, que ellos no fueron.

En esa tierra, si alguien se hunde se le pone peso en los bolsillos.
Los besos saben raros y las caricias cuestan dinero.
El perdón va disfrazado de mentira y la mentira dice no conocer al perdón.
En aquel lugar, los consejos son dardos envenenados del mejor veneno que hay “lo hago por tu bien”.

La soberbia toma chupitos de vodka y escupe al pecho de los desesperados.
Al diferente se le invita a salir a bailar a la pista para ver lo mal que lo hace.
Las bibliotecas sólo tienen libros con hojas en blanco para que nadie pueda leer y no quede rastro de aquel lugar.
En aquel lugar, hay mucha gente sola que bebe zumo de ignorancia y tapas de “a mí no me tocará”.

Al piano le faltan teclas y el pianista solo tiene una mano.
Todos dicen que ellos nunca estuvieron pero la suelen visitar más veces de lo que creen.
Estas tierras nunca darán nada bueno.
Porque solo existen gracias a nosotros.
Si conseguimos no ir nunca a verlas esas tierras desaparecerán.

¡Son las tierras de la no inclusión!, no vayas porque no hay nada que visitar.

-Reflexiones de una persona con autismo.

 


Fotografía: David Martín

 

¿Una persona con autismo es más feliz que tú?

¿Una persona con autismo es más feliz que tú?

Ahora los piojos es pediculosis, y meterse con otros niños se llama bullying.

Ahora ya no te llevas bien con gente de otros departamentos, si no que aprovechas sinergias.

Los cuernos, ya no existen. Y quienes los sufren, ahora son víctimas de parejas que han decidido emprender un nuevo camino al lado de otra persona que le acerca más a su proyecto personal.

El trepa se marchó, ahora el que pisa la cabeza de su compañero en el curro es porque quiere darle un impulso a su carrera profesional que para eso hizo el master en tierras lejanas.

Ahora las patatas bravas, son tubérculos aderezados con lágrimas de tomate picante. Y el chato de vino no sabe a nada, si no tiene un final de boca áspero con toques de canela y chocolate blanco.

Ahora el que te agrede verbalmente no lo hace por joder, si no que tienes que saber leer entre líneas para sacar una enseñanza que de otra manera no aprenderías.
Incluso ahora el ser tú mismo se llama marca personal.

Si tú hijo es un inútil en el colegio, se trata de un desfase curricular ocasionado por los continuos cambios en el sistema educativo.

No eres nadie si no has corrido un marathon. Y como pidas una ginebra con tónica normal te mirarán, porque eres un alcohólico de los de antes.

Vivimos en el mundo de las palabras grandilocuentes y los postureos de cara a la galería; la gomina se ha cambiado por barbas largas y si no llevas tirantes, te lo tienes que hacer mirar porque te estás quedando obsoleto.

Pues todo esto a una persona con autismo le da igual. Vamos que se la suda. El iPhone 8 le importa un carajo y si has estado en Nueva York de compras le da lo mismo. No te juzgará por tus pintas, no le caerás bien por hablar para terceros y jamás opinará nada malo de ti.

Te conozca poco o mucho, no será una variable para quererte y que no le hayas ayudado en un momento dado quedará en el olvido de aquel momento en cuanto pasó. Será constante contigo siempre en vuestra relación y una vez que aprenda a abrazarte lo hará siempre. Si se acerca a ti para saludarte te saludará siempre sin importarle que aquel día no le esperaste en el ascensor. Si te dice que esas gafas te quedan mal es porque te quedan mal. Jamás te va a herir por el simple hecho de herir. Ni hará estrategias para definir quién realmente es. En su mundo no hay tontos como en el nuestro. En su mundo hay respeto y honestidad. Cosas que aquí a base de inventarnos nuestras propias mentiras hemos ido perdiendo.

Y la gran pregunta es ¿no serán más felices que nosotros los normales?

Cada vez me inclino a pensar que es así…

-Reflexiones de una persona con autismo.


Fotografía: David Martín

 

Ay ¡¡¡Qué pena!!!

Ay ¡¡¡Qué pena!!!

Cuando los padres de un hijo con autismo hablamos de ello y contamos las cosas tan feas con las que convivimos a diario, caminamos por una línea muy delgada. La línea de “dar pena”. La línea que si la traspasas, y es fácil hacerlo hablando de tu hijo con autismo, automáticamente te sitúas en el descampando de la pena y de la dureza con la que vives a diario.

Quizás lo cuentes con total objetividad y desde la razón, dejando un poco de lado tus emociones, pero sin quererlo ni desearlo el que tienes en frente, te “tiene pena”.

Para mostrarte esto, voy a contar una singularidad de las personas con autismo no verbales desde la razón más absoluta, desde la razón pura, sin involucrarme emocionalmente, para que veas lo fácil que es irse al territorio de “hay que penas me das”.

Una cosa que le pasa a mi hijo y le empieza a pasar bastante a menudo, ayer concretamente le ocurrió, yo estaba haciendo los deberes con mi hijo mayor y oímos a Lucas llorar que estaba en el cuarto de al lado. Era un llanto de tristeza. NO había gritos, ni susto de por medio, por lo que sabíamos que el llanto no era consecuencia de un golpe ni de un accidente. Era un llanto de desconsuelo, de desesperanza, de tristeza.

Su hermano y yo fuimos a verle y estaba sentado en la cama y llorando con una pena descomunal. NO sabíamos que había pasado. NO había signo de nada. Le miramos y no había ningún golpe que se hubiera podido dar, tampoco oímos ninguna caída. Le abracé y le cogí en brazos y eso que ya es un tiarrón, pero quería un abrazo. Lloraba sin parar y con una pena terrible. Aun sabiendo que mi hijo no habla, no puedo evitar que se me escapen preguntas como ¿pero qué te pasa hijo? ¿Pero por qué lloras?, evidentemente sabiendo que nunca te va a contestar.

Pues bien, como es todo racional, esperé, vi que no había sangre y mi cerebro me dictó: tranquilo, si le transmites tranquilidad él se tranquilizará. Y así fue, pasados unos momentos, se le pasó y volvió a ser el niño feliz que siempre es.

Y así de fácil, todo apoyado en la razón, dejando el corazón a un lado. No quiero que me tengas pena, pues es todo controlable por la razón humana y aquí se acaba todo. ¡¡Pues una mierda!! Esto es totalmente irracional. Que tú hijo llore con 8 años y no sepas los motivos porque no pueda hablar rompe la razón en mil pedazos y multiplica por diez la producción de tus emociones en forma de sombras y de callejones oscuros a los que no entrarías nunca si no pasara esto.

Ver a tu hijo sumido en una gran tristeza, sin saber que ocurre, es desesperante. Es de una gran tristeza y despierta en ti una impotencia como padre o madre, que te desgarra por dentro. Pasa, todo pasa.

¡Pues claro que pasa! pero desgraciadamente te deja una huella que no se borrará tan fácilmente como otras que suceden a lo largo de tu vida.

Y si te ha dado pena, pues que te dé. Porque esto alegre no es. Pero que te dé pena para actuar a favor de la integración. Que te dé pena para ayudar a los más débiles, para ayudar a los personas con autismo cuando te cruces en su camino. Que te dé pena para ser mejor persona o para intentar hacer tu mundo un poquito mejor del mundo que tenías ayer.

NO quiero que me tengas penas a mí. Sinceramente eso me da igual. De hecho me parece bastante absurdo y nada se consigue teniéndomela a mí o a mi familia. Procura que la pena te sirva para hacer cosas positivas por los demás, pero no focalices tu pena en mí, que eso es problema tuyo y no mío. No me hagas cargar con más ladrillos, que cada uno tenemos los nuestros y mi carretilla ya va bastante llena.

-Reflexiones de un autista.

 


Fotografía: David Martín