Opinión o consejo

Opinión o consejo

Son consejos de papá. El ser humano se sigue perdiendo en los pequeños detalles. Seguimos perdiendo los nervios porque tardan mucho tiempo en ponernos la tostada en el bar donde el camarero trata mal a los clientes porque tiene una úlcera y ha pasado mala noche.

Son consejos de papá. No nos damos cuenta que el sol sigue saliendo y poniéndose por el mismo sitio hace miles de años, y mientras pasa eso, nos preocupa que hoy a mi compañero de trabajo le han dado una grapadora nueva y a mí no.

Son consejos de papá. La vida es muy corta y larga a la vez. Nos apresuramos en que las cosas pasen ya y las cosas ocurren cuando es su momento. Los escenarios anticipados son los mejores para que actúen los artistas llamados ansiedad y depresión. Paciencia.

Son consejos de papá. Recogerás lo que siembres. Y a veces no. Pero de ti depende sembrar el bien o el mal, independientemente de la cosecha que obtengas. Hay una cosa que se llama TENER LA CONCIENCIA TRANQUILA, y eso depende de tu siembra y no de tu cosecha.

Son consejos de papá. Trabajar y ser fiel a tus principios. En eso consiste la vida. Con eso tienes mucho ganado, con eso puedes hacer la mejor partida independientemente de las cartas que te toquen.

Son consejos de papá. Con las cucharas que elijas, con esas comerás; pero la vida no está nunca tan encorsetada, o a lo mejor sí. Lo que mi padre decía es que determinados ámbitos, la pareja, los amigos, los trabajos, los eliges tú, y por lo tanto estar todo el día quejándose de algo que tú mismo has elegido es de una torpeza terriblemente humana y que realmente no sirve para nada, solamente para joder al que te escucha.

Son consejos de papá. Haz siempre el bien, y por las noches dormirás bien. Eso decía, el hombre; y en esto sí que estoy totalmente de acuerdo. Da igual como seas, pero si realmente vas por la vida haciendo el bien, hay una cosa que se llama conciencia y que te dejará dormir si eres buena persona.

Pues son consejos… y yo no doy consejos. Lo mío son solo opiniones. Porque el consejo tiene un hedor a imposición y yo no impongo nada.

¡Solo faltaba!

La opinión es mucho más libre de ser opinable; de ser tuya y tiene en sus venas la sangre de poder gustar o no. De ser opinable. De gustar o no gustar.

Solo es opinión, y no consejo, que se debe ayudar al diferente. Si eres consecuente, la opinión se sustenta con el ejemplo, bueno esto sería igual que el consejo. Lamentablemente el ser humano sigue cumpliendo el principio de consejos doy, que para mí no tengo.

La opinión es egoísta, pues cada uno tiene la suya, y no suele coincidir con la de los demás.

Opino que se debe incluir e integrar; que no lo quieres hacer, lo entiendo. Pero yo creo que serás mucho más feliz si ayudas al resto.

Tómalo como opinión o como consejo, pero ayuda por favor.

Reflexiones de una persona con autismo

 


Fotografía: David Martín

 

Fui culpable de buscar culpables

Fui culpable de buscar culpables

Es humano echar la culpa al otro. Desde el principio de los tiempos, creo que el ser humano es experto en echar la culpa al prójimo. Si pasa algo malo o que genera un problema lo primero que hacemos es levantar la cabeza buscando al que originó el problema y poner nuestro dedo índice en posición de acusar al personaje que la lió. Como si eso fuera a aliviar el problema, hacerlo más pequeño o a solucionarlo.

Con el autismo se puede cometer el mismo error. Y es un gran error. Puedes culpar a Dios, a la humanidad, al destino y, lo que es mucho peor, a tus seres queridos y más cercanos. Esto no sirve para nada.

Bueno si sirve para algo, para crear aún más barro en el lodazal que de repente se ha convertido tu vida.

Buscar culpables o variables como es que lo hemos tenido muy mayores, es que teníamos que habernos hecho más pruebas, es que tú tenías un tío que ya tenía autismo…, son frases que hieren en lo más profundo a tu pareja y lo único que se consigue con ellas es desunir a un equipo de dos.

Mi opinión respecto a la culpa la resumo en tres puntos básicos:

1. NO busques culpables en nada y en nadie, y mucho menos en ti mismo. Esto te debilita, te resta fuerzas que vas a necesitar para sacar a tu pequeña o pequeño adelante.

2. NO busques excusas ni sistemas para culpabilizar a la gente, a la sociedad, ni mucho menos a tu familia. Simplemente considera que tienes un ser maravilloso del que vas a aprender mucho, que, a pesar de su diferencia, es lo que más quieres y que te va a ayudar a crecer como persona. La culpa no es buen camino para ese crecimiento.

3. NO hay culpables. Nadie ha sido el origen de que tengas a tu lado a una persona con autismo; pero incluso aunque alguien lo fuese ¿qué más da? Lo importante es enfocarte en la lucha para sacar a esa persona adelante. Aunque hubiera un culpable no serviría para nada.

A mí me ocurrió. Cuando te dan el diagnóstico tiendes a buscar quién o qué circunstancias han sido las que han provocado que mi hijo tenga TEA. Busqué, arrojé barro a mi pareja, a los profesionales que le habían atendido, al colegio por no darse cuenta, … ¿y sabes de que me sirvió? De nada.

Me sirvió solo para crear dentro de mi más barro y buscar algo que no iba a solucionar el problema. Me hizo perder un tiempo precioso, que lo podría haber usado para conocer más en profundidad el autismo y ayudar mejor a mi hijo. Me desenfocó de mi labor como padre al no trabajar en la búsqueda de entornos más favorables para mi pequeño. Peleé con gente que no debía y que nada tenían que ver con mi situación. Me separé de mi familia cuando ellos son los más valiosos en ese momento.

En fin, una serie de cuestiones que no sirvieron para nada. Pasar por esa experiencia de buscar culpables me sirvió solamente para una cosa, y es que cuando exista un problema, o mejor dicho una situación diferente con la que no esté de acuerdo, me tengo que poner rápidamente a buscar soluciones y no a buscar culpables. La búsqueda de culpables solo lleva de la mano que la situación problemática perdure y se haga más grande. Hay que enfocarse en la búsqueda de soluciones.

Así fue.

Fui culpable de buscar culpables.

Reflexiones de una persona con autismo

 


Fotografía: David Martín

 

¿Has dicho alguna vez alguna de estas frases?

¿Has dicho alguna vez alguna de estas frases?

Una vez en el dentista, cogí una revista de esas que en su interior hay fotos de noticias de los amoríos de OT y de las vacaciones del último cantante que mueve la incultura de nuestros jóvenes españoles. Así, ojeando y ojeando, sin dejar de quedarme ojiplático, llegué a un test que aseguraba, que si contestabas que SI a seis preguntas de las 10 que tenía, ibas a conocer al chico o chica ideal este verano.

Dándole vueltas, porque esta mente mía no para, pensé pues porque no intentarlo; así que me lié a hacer el test, y te aseguro que si contestas que SI a alguna de estas afirmaciones, no solo eres una persona que no integra a las personas diferentes, sino que espero que no te acerques mucho a mí. Sigue tu camino y no me saludes, podemos seguir ambos nuestras vidas sin tenernos que hablar.

¿Has dicho alguna vez alguna de estas frases?

1. En la barra del bar, tomándote un botellín fresquito, has dicho en alto: Pues al colegio de mi hijo va un subnormal que tiene 10 años y no habla. Solamente mueve una mano como si se tuviera que abanicar.

2. Los autistas ni sienten ni padecen. Están en su mundo. Puedes decir y hacer lo que quieras, que ellos no se enteran.

3. Los autistas son todos muy inteligentes. Los que no hablan lo hacen porque no quieren. Es porque están metidos en su mundo y prefieren no decir nada.

4. ¿Qué instrumento toca tu hijo? Porque todos los autistas saben tocar un instrumento, sin que se les enseñe. Tienen como algo especial para la música.

5. Es que un niño de esos, si va a la escuela con mi hijo, lo único que puede conseguir es que mi hijo no avance; así que prefiero que los lleven a colegios especiales. Que no se mezclen con mi hijo.

6. Esos niños no son normales. Son agresivos. Lo único que te pueden hacer es pegar o morder. Son muy peligrosos. Habría que tenerlos a todos ingresados.

7. Yo no dejo jugar a mi hijo con un niño de esos. Lo único que puede pasar es que mi hijo, se vuelva idiota.

8. Es mejor no invertir dinero en estos niños pues no van a llegar a nada. El que nace tonto se muere tonto. ¿Para qué vamos a gastar recursos en estos niños pudiéndo dárselo a los normales?

9. Te aseguro que si mi hijo se acerca a uno de estos niños que ni hablan, le separo enseguida. NO creo que sea bueno para él.

10. A ese niño no le pasa nada. Lo que pasa es que los padres no tienen mano dura con él. Si a mí me lo dejaran, a base de palos, le enderezaba yo.

Pues bien, con que a una de estas afirmaciones hayas dicho que SI, que las ha dicho en algún momento de tu vida, te aseguro que eres una persona sin alma, que no integras, y que prefiero de verdad que no te acerques a mí, ni a mi familia, pues lo que necesitamos de ti simplemente es que no existas en nuestras vidas.

Te aseguro que las personas de las que nos rodeamos, jamás han dicho ni han pensado esto, todo lo contrario.

Reflexiones de una persona con autismo

 


Fotografía: David Martín

 

¿Tú que hubieras hecho?

¿Tú que hubieras hecho?

Ayer me pasó una cosa curiosa, por no decir excéntrica. Dice mucho de cómo nos relacionamos con personas con TEA y el impacto que tiene cuando en frío le dices a alguien que tu hijo tiene TEA.

Estaba con mi hijo sentado en una terraza. Lucas, como es habitual, no hacía más que poner los pies encima de la mesa. Yo, como siempre también, con la paciencia que nos caracteriza a los padres, le decía una y otra vez: por favor Lucas, no pongas los pies encima de la mesa; por favor, deja de hacer eso Lucas, que no está bien. Y siguiendo con lo que ocurre casi siempre, Lucas no me hacía caso.

Para ser sincero, no sé de donde salió esa señora, pero de repente se plantó una señora, de cierta edad, delante de nosotros diciendo: ¡Pequeño no hagas eso, que voy a llamar a la policía! al tiempo que le guiñaba un ojo a Lucas.

NO hagas eso, porque si te ponen una multa la tendrás que pagar de tu dinero. La señora era amable y su voz dulce; lo decía de manera encantadora y para jugar con Lucas. La típica señora mayor a la que le gustan los niños y que quiere jugar con ellos.

El comportamiento de la desconocida fue en todo momento educado, amable y digno de alabar, pues lo único que quería era ser simpática con mi hijo.

En un momento dado, la desconocida siguió hablando con Lucas, mientras mi hijo se tapaba los oídos y aleteaba con las manos; sin querer, Lucas, en un aleteo, la golpeó en el brazo y la señora de nuevo muy amable dijo: ¡anda mira, no le gusta lo que digo y por eso me ha dado! Repito una vez más, la intención de la señora era ser amable y educada.

El tema es que seguía hablando con Lucas esperando respuestas que nunca llegaban. Como no cesaba en el intento, cosa que desde aquí tiene toda mi gratitud, tuve que decirle, con amabilidad y educación -la misma que ella había demostrado-: lo siento, no le va a contestar; Lucas es una persona con autismo no verbal.

Fue en ese momento cuando se produjo la reacción inesperada de la desconocida: la mujer empezó a pedir perdón; a decir que lo sentía mucho, que no había querido en ningún momento reírse de mi hijo, que simplemente quería jugar con él, y hasta casi se le saltaban las lágrimas de lo avergonzada que estaba, mientras se deshacía en disculpas. Yo trataba de tranquilizarla diciendo que no pasaba nada; le decía que ella no había hecho nada malo, todo lo contrario, se había acercado de manera dulce y educada a mi hijo. La mujer no tenía consuelo, creía que había pasado una línea que no tenía que haber pasado; yo insistía en que simplemente había tratado de ser amable y jugar con un niño.

La cuestión es que, a partir de este momento, ya no le dijo nada a Lucas. Ya no se dirigió a él. Por más que yo le decía que podía seguir intentando jugar con él, ella ya no podía seguir diciéndole cosas.

Al final, después de estar un rato, y dejarle claro que no había hecho nada malo, la mujer se tranquilizó y me contó que su nieta también tenía un amigo con TEA; me dijo que eran niños adorables, eso sí, ella a había desistido de intentar jugar con Lucas.

Evidentemente, no juzgo que no jugara más con Lucas, pues la señora estaba totalmente conmocionada, como si hubiera matado a alguien, pero toda aquella escena me hizo reflexionar, y surgieron en mí varias preguntas: ¿Le tenía que haber dicho nada más llegar que mi hijo era una persona con TEA? ¿Tenía que haberla interrumpido antes y explicarle que Lucas no iba a contestar, pues era un niño con TEA?

¿Tú que hubieras hecho?

Reflexiones de una persona con autismo

 


Fotografía: David Martín

 

El inicio del fin de nuestra especie

El inicio del fin de nuestra especie

¿Cuándo decidimos que era más importante ser socio de una gran consultora que estar con nuestros hijos? ¿En qué momento tuvimos la gran idea de hacerle la vida imposible a nuestro subordinado para que nuestra nómina suba unos euros? ¿Ha habido un momento en que todo ha girado y nuestros egos se han apoderado de nosotros para no ayudar al más débil?

Hace miles de años moría el que corría más despacio y no cazaba, hoy desaparece el que tiene más ansiedad y no controla el estrés de este mundo. Hoy muchos han olvidado que la grandeza del ser humano es tener conciencia, poder pensar y esta capacidad es la que ha hecho que nuestra adaptación al entorno sea más efectiva y que como especie hayamos conseguido logros que ninguna otra podrá conseguir.

Ahora bien, mi opinión personal es que estos avances no deben de enterrar nunca los principios y los valores que han venido de la mano de ese progreso. Uno de esos valores ha sido la ayuda a los demás y sobre todo a aquellos que son más débiles.

Hubo un momento en la historia de nuestra especie que nos dimos cuenta de que en la diferencia de todos y cada uno de nosotros estaba no solo él ayudar al que se quedaba atrás, sino que precisamente en esa diferencia estaba la oportunidad de avanzar como grupo social.

Ahora que hemos alcanzado uno de los momentos de mayor avance como especie no nos podemos permitir que la grieta entre los más débiles y los avanzados se haga más grande. Si no colaboramos todos y cada uno de nosotros en hacer esta brecha más pequeña es cuestión de tiempo que nuestra especie desaparezca. Individual y colectivamente hablando, hemos avanzado por saber gestionar las diferencias individuales.

Es solo una opinión. Pero una sociedad no puede estar formada solo por los más rápidos, los más listos y los más guapos, cuando eso empiece a ocurrir será el inicio del fin de nuestra especie.

Reflexiones de una persona con autismo

 


Fotografía: David Martín

 

Aun así, te quiero

Aun así, te quiero

Cruzas carreteras sin sentido y haces fuentes de lluvia dorada en el sillón en el que me siento a ver series que escupen la cara más amable de un monstruo que se llama autismo.

Trepas por sitios en los que lo máximo que puedes obtener son gritos de padres desesperados, porque no entienden que allí veas precipicios con sabor a nata y fresa.

Arañas, y golpeas, intentando jugar con tu hermano, y te sorprende que el resto no entienda que son tus besos y abrazos.

Comes monedas y tragas piezas de juguetes con olor a fresa, crees que el resto se equivoca porque no comprenden que sean chuches gratis.

Para ti bañarte es convertir el cuarto de baño en zona de guerra, donde tus padres buscarán sus peines y sus lágrimas se perderán en las toallas que te has encargado de mojar.

Para ti la solución es saltar en camas donde hace mucho que no se hace el amor, que son solo compañía para mis lágrimas y la cuna de la mirada pérdida de tu madre.

Corres en la calle porque te gusta llegar el primero a la desesperación de tus padres y el último a una meta que no existe.

Te encargas de cumplir rituales diabólicos. Volcar televisiones, destrozar sillas y pintar las paredes del salón con grafitis de nocilla que solo tú entiendes.

No te encargas de tu aseo personal, pero esto sería como que me acordara yo de llamar a esa prima que nunca veo y que un día fue importante en mi vida.

Te acuerdas de tus esfínteres como yo me acuerdo de mi tía que tiene 96 años y se está despidiendo de esta vida. Es decir, cuando me da la gana.

Eres listo para el chocolate, como cualquier adolescente, solo que tú no lo quemas.

Te da igual que me falte el aire, mientras el bollo esté al alcance de tu boca.

Coqueteas con la muerte, como si cumplir años fuera una cosa de las estadísticas.

Literalmente te da igual que sea de noche para tomarte un zumo encima de mi tripa.

Gritas cuando no viene a cuento, te quedas callado en los momentos de jolgorio y eres capaz de salir desnudo en el funeral de mi padre.

Aun así, te quiero, a mí me da igual. Lo que para los demás es políticamente incorrecto, para mi es intentar aprender. Y aun así, te quiero, y mucho.

Y aun así, te quiero. Porque no entiendo que seas de otra manera. Ya no te concibo sin hacer ese tipo de cosas que me hacen sudar y pedir perdón compulsivamente.

Y claro que te quiero. Y más que a nada en este mundo. Aunque nos miren por tus alaridos sin que haya marcado tu equipo favorito.

Y ¿Sabes por qué te quiero? Porque siendo diferente veo en ti a una persona que me adora y me hace sentir que soy algo esencial en su vida. Y lo logras, sin poder hablar, sin saber besar y sin abrazar. Y aún lo consigues. Y tío, eso es muy grande.

Al final va a ser que lo de ser mi hijo es lo de menos, jajajajaja.

 

Reflexiones de una persona con autismo


Fotografía: David Martín