Sólo quería agua

Sólo quería agua

La tarde era apacible y la mar estaba en calma. Sinceramente no sé cómo pasó. Vi unas nubes grises en el horizonte, muy grises, que se tornaban negras a medida que íbamos hacia ellas o ellas hacia nosotros.

El caso es que el siguiente recuerdo que tengo es una tormenta que nació en el infierno y mi cabeza golpeando contra el casco del barco, no recuerdo más…

Me despertó el sol brillante que había secado mis ropas y la sangre que tenía en mi cabeza. La playa era de arena fina y vi palmeras como si de soldados desfilando se trataran. El sol entraba en el círculo que dejaban sus cabezas, que a veces se unían y a veces no.

Estaba rodeados de chicos que tenían apariencia normal, pero que hablaban de formas muy diferentes: tenía miedo. Una se acercó y tocó mi cara, dijo guapa, cara guapa… guapa, cara guapa; se apartó dos o tres pasos e hizo que su cuerpo se balanceara, volviendo pronto a tocarme la cara y a decirme lo mismo. El miedo cada vez se iba haciendo más amigo mío.

Agua, ¡quiero agua!, les dije, les grité… pero nadie me decía nada. Todos andaban en distintas direcciones y yo no entendía lo que ocurría. Me fijé, y es cierto que algunos de ellos tenían o hacían cosas iguales, se tapaban los oídos y tres o cuatro se habían quitado la ropa como si quisieran que el viento les tocara el cuerpo.

Por favor, ¡necesito agua, quiero agua!

Mi frustración y mi ansiedad aumentaban; estaba rodeado de gente y nadie me entendía. ¡¿Qué estaba pasando?!

De repente, uno de ellos empezó a gritar sin motivo aparente, y no solo consiguió asustarme por el estímulo auditivo que no esperaba, sino que consiguió que mi miedo fuera en aumento. Me di cuenta de que instintivamente yo también me tapé los oídos y escondí la cabeza entre mis piernas pues pensaba que me iban a pegar. No fue así. Sólo eran gritos, sin motivos, pero gritos al fin y al cabo.

Por fin me di cuenta de que no me iban hacer daño y me levanté. Creo que fui uno a uno, grupo por grupo, de dos en dos… a todos les decía lo mismo: ¡agua por favor, agua!. Pero no me entendían.

El miedo iba en aumento y tuve la sensación de que estaba muy próximo el momento en el que no sabría controlarlo. Y según pensaba esto, una bocanada de ansiedad llenó mi estómago y no sé como empecé a chillar: AGUA, POR FAVOR, AGUA, AGUA, AGUA.

Había perdido el control. Estaba claramente en un ataque de nervios, o como dicen refiriéndose a los niños pequeños, en una rabieta, fruto de la frustración y de la imposibilidad de hacerme entender. ¡¡Por Dios, sólo quería agua!!

Cuando fui capaz de calmarme, vi aquella botella de cristal en la playa que llegaba con la penúltima ola; me fijé y dentro había un mensaje. Pero ¿qué estaba pasando era el mundo al revés? ¡El que tenía que haber mandado la botella era yo! ¡Yo era el náufrago en aquella isla llena de personas que no me entendían!

Hice lo que hubiera hecho cualquiera, quité el tapón y leí el mensaje; era corto y se alegraba de mi llegada: BIENVENIDO A LA ISLA DEL AUTISMO, NOS ALEGRAMOS DE QUE VEAS LO QUE SE SIENTE. JAMÁS SALDRÁS DE AQUÍ. Las lágrimas cayeron por mis mejillas.

El calor hizo que me despertara. Había sido todo un mal sueño. Oía la voz de mi padre que con el buen tiempo se había puesto a pescar en la proa de aquel barco.

Eran las primeras vacaciones que pasábamos en un barco. Mi padre había tenido la brillante idea de que nos fuéramos a pasar 7 días a las Islas toda la familia junta.

¿Cómo está mi chico? preguntó mi madre. No pude contestarle, solamente pensaba en aquel chico con autismo, que el día anterior había sido diana de mis burlas en el patio del colegio porque se golpeaba la cabeza y aleteaba sus manos cuando me vio con una botella de agua que siempre compro para el recreo.

¡¡Sólo quería agua!! Y yo me reí y me burle de él. Ahora pensaba: ¡Jamás volverá a pasar esto! mientras la pena me embargaba por haber tenido que pasar por la experiencia, aunque fuera soñando, para darme cuenta de que debemos ser respetuosos con todo el mundo, por muy diferentes que sean.

-Reflexiones de un autista.

 


Fotografía: David Martín

 

El cincuenta por ciento

El cincuenta por ciento

¿Te imaginas que de cada dos veces que te fueras a tomar un refresco, una de ellas estuviera tan caliente que pudieras echarle fideos? ¿Que cada dos veces que encargaras una paella para comer con tu familia, una de ellas, la paella no tuviera arroz?

¿Cómo te sentirías si de cada dos veces que pides una cosa por internet, una de ellas no fuera lo que hubieras pedido? ¿Y si de cada dos veces que pides pizzas una de ellas te trajeran comida china?

¿Y si tu mascota de cada dos veces que la sacaras a hacer pis no lo hiciera y una de ellas se meara en el sillón que tanto esfuerzo te ha costado comprar?

¿Qué pasaría en tu vida si de cada dos veces que quedaras con tu mejor amigo, una de ellas no fuera? ¿Y si de cada dos veces que le pides algo a tu vecino una de ellas te mandara a esparragar? ¿Y si de cada dos reuniones, en una de ellas dijera tu jefe que eres nefasto y no sabes hacer tu trabajo?

¿Cómo te sentirías?

Harías cosas ¿verdad?

Cambiarías de trabajo, ya no quedarías con tu mejor amigo o incluso serías capaz de llevar a tu mascota a un sitio para que la enseñaran a mear…

Estarás de acuerdo que fallar en el 50 por ciento es mucho. De cada dos, un fallo. De cada dos ilusiones, una rota. De cada dos expectativas, una de ellas tirada por la borda.

Con ese porcentaje de error tu mundo se rompería. Pensarías que eres un desgraciado y que la mala suerte se ha cebado contigo. ¡Pero harías cosas para cambiar! de eso estoy seguro.

Nadie aguanta el fracaso de manera repetida en un 50 por ciento de las cosas que hace, intenta o espera. No te quedarías con los brazos cruzados. No dirías bueno que le vamos a hacer, así es la vida. Ni siquiera sería excusa que le pasara a otro y no a ti. Porque el 50 por ciento de fallos es más de lo que el ser humano es capaz de aguantar.

DE CADA DOS NIÑOS CON TEA,
UNO SUFRE ACOSO ESCOLAR

Me niego a pensar y a aceptar que el que no acosen a mi hijo con TEA es cuestión de lanzar una moneda al aire y salga cara y no cruz.

Por favor, no consintamos como sociedad este porcentaje, pues tendremos sólo un cincuenta por ciento de posibilidades de no ser una sociedad podrida.

-Reflexiones de un autista.

 


Fotografía: David Martín

 

Inasequible al desaliento

Inasequible al desaliento

Tenemos a una gran amiga que se llama Ana Navarro y, dicho sea de paso a la que queremos mucho, que fue a la primera y quizás única persona que un día en una buena sobremesa y después de haber degustado unos caldos, dijo una frase que se ha quedado entre una de mis coletillas imprescindibles a la hora de describir a alguien: es INASEQUIBLE AL DESALIENTO.

Pues bien, mi hijo lo es. Mi hijo cogió “el rollo” de vaciar un bote de Nocilla y de tantos que vació por toda la casa, nos llamaron de Nocilla para darnos un premio a la familia que más Nocilla consumía en Europa Occidental.

Mi hijo se quita la ropa, y se la ponemos, y se la vuelve a quitar, y se la ponemos, y al final del día está más tiempo desnudo que vestido.

Mi hijo rompe algo todos los días, cuando digo todos es todos. Mi hijo, casi desde que nació, decidió que una foto mía con mi hermano Oscar estuviera tumbada en lugar que de pie y después de ocho años, que tiene esa foto, está tumbada. Si la ponemos de pie él vendrá y la tumbará.

Mi hijo antes de dormir se mete debajo de las mantas y le tienes que hacer un masaje en los pies. Y así lo hace siempre. Y cuando digo siempre es siempre.

Las personas con autismo son inasequibles al desaliento. Mi hijo es capaz de hacer siempre lo mismo y no variar ni un ápice su rutina.

De algunas que tiene voy a contar una que me parece sorprenderte. Cada año de vacaciones vamos al mismo sitio con el fin de no romper esa rutina de la que hablamos y porque hemos encontrado un sitio perfecto para él y para toda la familia. Justo yendo hacia la casa donde estamos 20 días en agosto hay un poste metálico a la altura de su hombro más o menos, encima de ese poste metálico hay una piedra incrustada desde hace miles de años, supongo. Pues bien, mi hijo el primer año que fuimos allí siendo muy pequeño, casi no sabía andar, tocó esa piedra. Se fijó en ese poste metálico y se paró a tocar la piedra que tenía encima. Cada año que regresamos, habiendo pasado exactamente un año, lo primero que hace el primer día cuando pasa al lado de ese poste es salir corriendo, ir a ese poste y tocar esa piedra. Posiblemente se cansará antes el poste y la piedra de estar ahí que mi hijo de tocarla.

En fin, son rutinas repetitivas que no se entienden pero que en su mente cobran sentido y a él le dan tranquilidad. La ruptura de estas rutinas le despiertan crispación que unida a su imposibilidad de comunicar se traduce en la maldita ansiedad.

Una vez dicho esto, también te digo que mi hijo es inasequible al desaliento en ser una persona maravillosa. Es inasequible al desaliento en darnos la posibilidad de ver el mundo de una manera diferente, en darnos la posibilidad de ser mejores personas, en hacernos comprender que lo mejor de este mundo es el amor incondicional a una persona como él y la imposibilidad de no poder imaginarle de otra manera.

Oye, y si has llegado hasta aquí, una pregunta ¿Por qué no eres inasequible al desaliento en integrar a personas con autismo?

-Reflexiones de un autista.

 


Fotografía: David Martín

 

 

Trae ladrillos para construir rascacielos

Trae ladrillos para construir rascacielos

¿Cómo gestionar mi cariño ante dos hijos míos que lo necesitan?

¿Cómo parto mi atención para uno que la necesita más que el comer y para el otro que no le sobra?

¿Cómo tiro adelante con mi conciencia llena de incertidumbre ante un futuro, que sé que no es bueno imaginar, y ante un pasado que convierten mis errores en grilletes para que no pueda caminar?

¿Cómo hago para acostarme cada día sabiendo que he sido el mejor padre que debía ser si hay días que no lo consigo?

¿Cómo recojo mis temores en bolsas que no tienen fondo y cuando miro dentro veo que no hay nada?

¿Cómo gestiono mis emociones cuando son caballos salvajes que sólo buscan agua porque están cansadas de los altibajos del duro camino?

¿Cómo consigo que nadie note nada cuando sigo esperando cada mañana un “hola papi” que nunca llega?

¿Cómo hago para tragar hiel cuando alguien me dice que sabe por lo que estoy pasando?

¿Cómo gestiono mi autocontrol para no mandar a la mierda a gente que piensa que uso la pena como arma para ganarme el cariño de los demás?

¿Cómo duermo a pierna suelta sabiendo que hay gente que necesita mucho más que yo el cariño y todo lo material que a mí me sobra?

¿Cómo hago para no querer cambiar el mundo de las malas personas, que escupen hacia arriba esperando que le caiga a otro y no a él?

¿Cómo hacemos para que los diferentes se acerquen más a los normales y los normales vean la diferencia como algo normal?

¿Cómo puedo querer más si creo que mi tarro del cariño hacia los míos no tiene más que dar?

¿Cómo puedo cambiar mi esencia que me ha llevado a lugares oscuros y calles solitarias en las que no hay más que tiendas de ropa de segunda mano y zapatos viejos?

¿Cómo integramos a las personas con autismo?

De las preguntas anteriores me ocupo yo, pero para contestar a esta última te necesito a ti. En esta partida jugamos todos. NO es un solitario. Necesitamos remar todos a una y hacia el mismo sitio y procurar que las personas que hemos decidido categorizar como diferentes, tengan los mismos derechos y deberes que la inmensa mayoría de los normales. Y en esto jugamos todos.

No sirve de nada que yo ponga ladrillos si la sociedad no me acompaña. No conseguiré nada más que hacer una caseta para el perro y lo que hay que construir son rascacielos, pueblos, ciudades… te necesito y necesito que me sigas, o como mínimo que no entorpezcas mi camino.

Si no eres parte de la solución nunca seas parte del problema… hay mucha gente que trae ladrillos para construir, aparta y déjanos pasar.

-Reflexiones de un autista.

 


Fotografía: David Martín

 

Ahora mueves tú

Ahora mueves tú

MOVIMIENTOS DE UNA DE LAS PARTIDAS DE AJEDREZ MÁS BELLAS DE LA HISTORIA DE ESTE DEPORTE

1.e4 d6 2.d4 Cf6 3.Cc3 g6 4.Ae3 Ag7 5.Dd2 c6 6.f3 b5 7.Cge2 Cbd7 8.Ah6 Axh6 9.Dxh6 Ab7 10.a3 e5 11.O-O-O De7 12.Rb1 a6 13.Cc1 O-O-O 14.Cb3 exd4 15.Txd4 c5 16.Td1 Cb6 17.g3 Rb8 18.Ca5 Aa8 19.Ah3 d5 20.Df4+ Ra7 21.The1 d4 22.Cd5 Cbxd5 23.exd5 Dd6

“Nos encontramos en la cuarta ronda del Wijk aan Zee del año 1999. Garry Kasparov (2815) juega con blancas contra Veselin Topalov (2725). Probablemente no exista una partida con tantas exclamaciones. Pero esa no es la razón principal por la que he seleccionado esta posición. El GM Arnold Denker calificó esta partida como “una de las partidas más bellas jamás jugadas”- Revista “Chess Life.” (fuente https://thezugzwangblog.com/las-5-jugadas-mas-brutales-de-garry-kasparov/)

Mis manos volaban mientras se hizo el silencio. Mis labios se movían pero no decían nada. Sólo me concentraba, sólo me concentraba…

Era la partida de mi vida y la jugaba contra ti, contra el que no integra, contra el que saca pecho llamándome tonto…

Sabía que perderías, ¡sabía que hoy no podrías conmigo!

1.e4d62 [Si crees que tus risas me hacen daño, eres más ignorante de lo que creía]

Le doy al reloj; yo ya he movido, te toca a ti…

2.d4Cf6 No sé qué decirte…

3.Cc3g6 No hace falta que digas nada, ya ni siquiera el perdón sirve.

4.Ae3Ag75 Pero no era mi intención…

5.Dd2c6 El mundo no se mueve por intenciones, sino por acciones, y tú no hiciste nada por integrarme… Te toca.

6.f3b5 Pero pensé que lo haría el otro…

7.Cge2Cbd7 Cuando alguien se está ahogando no debes esperar a que actúe el otro, tienes que saltar tú aunque el agua esté helada y sucia… Mueve.

8.Ah6Axh6 Pero ¿crees que hubiera servido de algo que te ayudara?

9.Dxh6Ab7 Te equivocas, el ayudarme a mí era secundario, realmente el que te ayudabas eras tú… te ayudabas a ser mejor persona… Es tu turno.

10.a3e5 Bueno tampoco soy mala persona por no haberte integrado.

11.O-O-ODe7 Eso es cierto, pero eres algo peor que aquel que me integró… Tú mueves.

12.Rb1a6 ¡Qué más da lo que yo hiciera!

13.Cc1O-O-O De nuevo te equivocas… Con que hubieras movido un sólo dedo, hubieras movido mi mundo aunque sólo hubiera sido un poquito. Para mí eso es mucho… Yo ya moví, ahora tú.

14.Cb3exd4 Tú eres diferente y yo no tengo la culpa de eso. No cargues en mi espalda la mochila que alguien te puso.

15.Txd4c5 Nunca lo haría, sólo te pido que me des agua de vez en cuando. La mochila ya la llevo yo. Cada uno lleva la suya y no quiero ni ponértela a ti ni darte pena, que es el barro donde se rebozan los mediocres… Juega, es tu turno.

16.Td1Cb6 ¡Déjame en paz que me aburres!

17.g3Rb8 No te voy a dejar en paz nunca, pues no tengo otro camino que recordarte cada minuto que me tienes que integrar; es tu obligación con el ser humano y contigo mismo… Ahora al que le toca es a ti.

18.Ca5Aa8 ¿Y crees que te voy hacer caso?

No sé si me harás caso o no, pero te garantizo que la partida dura mucho tiempo. Y no voy ni a dejar de atacar ni a dejar de defenderme. Si tú no me haces caso, cogeré mi tablero y mis piezas y me iré a buscar otro contrincante… y a otro… y a otro… y así os iré convenciendo uno a uno de que debéis ayudarme a tener las mismas oportunidades que el resto, no quiero más… sólo las mismas… y te necesito para que la sociedad me haga un hueco en la igualdad de oportunidades.

Si tú no me quieres ayudar, quítate de en medio y déjame que continúe mi camino, pues mi partida no ha hecho más que empezar.

¡¡¡JAQUE MATE!!! a la no inclusión.

-Reflexiones de un autista.

 


Fotografía: David Martín