350.000 personas necesitan nuestra ayuda

350.000 personas necesitan nuestra ayuda

Tengo 350.000 razones para seguir adelante, y para levantarme aunque me caiga. Creo que son razones suficientes para no arrojar la toalla y seguir despertándome con una sonrisa, aunque haya días que las lágrimas ganen la batalla.

Hay 350.000 cosas que hoy en día mueven mi mundo. Poco me importa ya si se venden más o menos pólizas en Andalucía que en Madrid. Ahora me interesan mucho más los besos que dan los andaluces, y si abrazan un poco más los que no pueden.

350.000 motivos por los que pelear y luchar en una vida, que nunca se lo puso fácil a nuestra especie. El entorno siempre fue cruel y no entendió nunca de ser compasivo con nadie. Ejecutó sus ritmos y le importó un carajo las consecuencias en el ser humano. Pero si tienes 350.000 razones para adaptarte al entorno, lo haces.

Son 350.000 que forman un mundo diferente al nuestro, y que no tenemos más remedio que incluirlos, porque también el ser humano se caracterizó siempre por su enorme solidaridad y por la ayuda al que se veía más débil. Desde que el hombre tomó conciencia y empezó a pensar, reguló las leyes de la naturaleza donde el menos rápido y menos fuerte moría. El pensamiento nos hizo humanos, y detrás de esa palabra nos enseñó a tender la mano al que no podía sobrevivir por si mismo, y de esta manera se empezó a vivir en sociedad, basándose en el gran principio de la SOLIDARIDAD y la ayuda a los demás.

Y cuando 350.000 personas necesitan nuestra ayuda, es el momento de ofrecérsela. Cuando 350.000 de nosotros son más débiles y corren menos que nosotros, es momento de tender una mano, e intentar incluirles. Además opino que la verdadera ayuda al prójimo empieza por tu círculo más cercano.

Por ese becario nuevo que llega a tu trabajo y necesita que le invites a un café, pues ve monstruos con los que no podrá. Por ese amigo que se metió en un chalet en la crisis, y ahora necesita 50 € para llegar a final de mes.

Siempre he defendido que la sociedad y la humanidad de todos nosotros se construye en las pequeñas cosas, en los pequeños gestos. Para los grandes hay unos pocos privilegiados, y para el resto de nosotros están los pequeños detalles.

Tampoco puedo ahora pedirte que enarboles la bandera del autismo porque a mí me ha tocado. No soy tan egoísta ni olvido tan pronto. Si mi hijo no fuera una persona con autismo, quizás nunca yo hubiera ayudado a la causa de la inclusión de las personas con autismo. Pero lo que sí hice, dentro de mis posibilidades, fue ayudar al más débil. Siempre intenté echar una mano cuando alguien lo necesitaba, ya fuera a mi vecina con las bolsas de la compra, o a recoger revistas para un amigo. Y eso es lo que te pido, que en tu pequeño círculo, vayas así por la vida: ayudando. Ya no recuerdo quien dijo: sólo hay una manera de ser feliz, y es ayudando a los demás… desde luego no le faltaba razón.

En España hay 350.000 personas con autismo. 350.000 personas que necesitan que les echemos una mano, y que las incluyamos. Igual que está el TEA, está el síndrome de Down, los niños con SIDA, los niños con cáncer, personas en extrema pobreza, y un sin fin de personas en exclusión social, o al límite para estarlo. Ayuda a cualquiera de ellos. La solidaridad y la ayuda no son patrimonio de nadie, ni tienen una causa única.

Si te enfocas en echar una mano al más débil y al que menos corre, verás que tu vida adquiere una nueva dimensión que antes no tenía, y a la cual solo se llega echando una mano a los demás.

Reflexiones de una persona con autismo

 


Fotografía: David Martín

 

Sé valiente cuando se hable de incluir

Sé valiente cuando se hable de incluir

Me dan mucho miedo los cuchillos que no cortan y las cerezas que saben a cartón.

Me dan un miedo terrible los que arreglan todo solo de palabra y las lágrimas que se derraman sin un porqué.

La cerveza caliente y el vino que no emborracha, la novia que no sabe decir SI QUIERO y el ladrillo que no sostiene.

Miedo del miserable y del que no cede su asiento a un mayor. El whatsapp de un borracho y la llamada a tu ex cuando se pone el sol.

Tengo miedo al mar sin olas, al río sin peces y al payaso que no quieren en ningún circo. Siento miedo de la noche que no espera al día y de la luna que nunca está llena. De las miradas que miran con desprecio y del que perdona pero no olvida. De la resaca sin agua y del arroz que es incompatible con la leche. De la torrija en agosto y de las manzanas que no sirven para la sidra. Del perro que no ladra y del amor que no va a ningún lugar.

Pánico me da el abrazo que no es correspondido y el beso que muere antes de nacer.

No sé decirte los motivos, pero me dan miedo los trenes que nunca se llenan, y los autobuses que van llenos de silencio.

Tengo miedo al que se ríe de los demás porque hacen su trabajo, y me da miedo el que para no beber solo necesita ejercer su poder.

Miedo del corazón que no bombea y de las venas que terminan donde empieza el silencio.

No sé por qué me espanta la pareja que sale corriendo cuando tiene un hijo TEA y la toalla que vuela hacia el ring para que se acabe el combate.

Los niños que son mayores, y los mayores que creyéndose niños no hacen cosas propias de su edad.

Me horrorizan los comentarios de los que no tienen motivos para quejarse, y aquellos que no reparten cuando más tienen.

Me espantan los cementerios llenos de tumbas con gente que no cumplió sus objetivos vitales, y tumbas vacías de gente maravillosa que se fueron a otros sitios a pasar la eternidad.

Tengo miedo de la muerte sin guadaña, de la casera sin gas, de las bravas que no pican, del escondite donde nadie se esconde, y del pescador que no tiene peces que devolver al mar.

El miedo es libre, y cada uno puede tener miedo de lo que quiera. De hecho el miedo es el causante de muchos comportamientos que tenemos y que tienen consecuencias negativas para los demás. Pero siendo esto cierto, lo que no se puede es usar el miedo como justificación para no integrar a personas diferentes, y mucho menos tenerles miedo. Los que podemos hacerles daño somos nosotros a ellos, y nunca al revés. Por favor, sé valiente cuando se hable de incluir, la sociedad ya es bastante difícil para ellos como para que también nosotros les pongamos más trabas.

Reflexiones de una persona con autismo

 


Fotografía: David Martín

 

10 señales que evidencian que te estás haciendo mayor

10 señales que evidencian que te estás haciendo mayor

Hay frases y acciones que denotan que la vejez se está acercando y te está echando el aliento en el cogote:

1. Pedir una cerveza en un bar y, cuando te la ponen, preguntar “¿está fresquita verdad?” Y terminar la frase con una expresión escatológica que mejor no citar… ¡Esto es de mayores!

2. Empezar a usar “la” de manera indiscriminada. Empiezas con “la calor” y cuando ya estás metido en la vejez plena, dices: la internet, la yoga,…

3. Cuando estás en el salón de tu casa y, de repente, se ponen a decir el tiempo en el telediario y mandas callar a los niños, a tu esposa, y a tus suegros no, porque ellos también están mandado callar.

4. Cuando le hablas a tu hijo de un grupo de música de cuando tú eras joven y no lo conoce, y te dice que a él el que le gusta es “fulanito” y tampoco lo conoces tú. Es decir, cuando entre tu hijo y tú existe una brecha musical que se nutre de la ignorancia de ambas partes.

5. Cuando sales de tu casa, ves una SAMUR, y no sabes cómo, tus pies te están llevando hacia ese sitio porque quieres saber qué ha pasado. TE da todo igual, quieres saber qué ha pasado.

6. Cuando vas al mercado, conoces a todos los de los puestos y bromeas con ellos, con frases y chistes muy antiguos. Al zapatero que hace llaves, le dices: oye yo pago las cervezas y tú pones las tapas… y además lo dices muy alto, para que todo el mundo te oiga, y si ves que no tienes respuesta, repites la jugada más alto y soltando una estridente carcajada.

7. Cuando defiendes a muerte el vino diciendo que es bueno para el corazón, para la circulación… te tomas dos copas, solo dos, y te pega un zurriagazo, que te atreves cortejar a tu esposa delante de tus hijos.

8. Si vas a un bar y dices: una cervecera bien fresquera para mí, y una TRINA para mi señora. ¡Estás mayor de narices!

9. Si ayudas a aparcar a alguien en la calle, con una mano haciendo círculos, con la otra diciendo que se arrime y gritando: dale, dale, dale…. ¡te has hecho mayor!

10. Y esta es mítica: cada vez que te levantas de algún sito, acompañas el ponerte en vertical con un gritito que justo termina cuando te has puesto totalmente en vertical…

Te vas haciendo mayor, y te preocupa el futuro de tu hijo que es una persona con TEA. Esto es totalmente humano. A toda madre o padre le preocupa qué será de sus hijos cuando ellos no estén, y mucho más si son personas con autismo.

Yo, en esta cuestión, soy bastante pragmático, y prefiero ocuparme en este momento, que preocuparme por el futuro. La vida me ha enseñado que esperar cosas solo nos impide actuar, y que cuando llega lo esperado no suele parecerse en nada a lo imaginado.

Pienso que es mejor darles un buen presente, y así el futuro lo será también.

Pero claro, esto es una decisión muy particular, quizás tú piensas de otra manera. En definitiva, lo único que deseamos los padres para todos nuestros hijos, tengan o no tengan TEA, es un futuro maravilloso.

Reflexiones de una persona con autismo

 


Fotografía: David Martín